Wednesday, June 02, 2010

Review: Restaurant Atelier

El viernes pasado fue nuestro primer aniversario en Australia, la excusa perfecta para celebrar con una cena especial. Primero pensé en ir a comer algo australiano pero no se me apetecía ninguno de los platos "nacionales": pastel de carne, salchichas con puré de papa o pescado frito con papas fritas. Empecé a buscar reviews de restaurantes fusión (el término acá es "modern australian" o "modern oz") y me topé con algunos comentarios de restaurantes europeos. De pronto cambié de opinión y decidí que escogería un restaurante francés. Tenía varias opciones con comentarios y precios similares pero no podía decidir a cuál ir. Finalmente escogí el restaurante Atelier en el suburbio de Glebe, cerca de mi casa, y reservé una mesa para las 6 pm.

Llegamos unos minutos tarde. El restaurante estaba vacío, esperamos unos segundos a la anfitriona del restaurante (creo que estaba en el baño), quien nos llevó a nuestra mesa, donde había aceitunas verdes y sal gruesa. El atento maitre d' (¿o era el sommelier?) se acercó sosteniendo un bol con trufas negras francesas. Primero describió con voz de locutor los platos especiales del día: dos entradas (una fría y una caliente) y dos segundos, todos con cerdo. También anunció la llegada de las trufas y la posibilidad de agregar 4 gramos de ellas en cualquiera de los platos por sólo $15 (todos pasamos).

Nos quedamos con los menús tratando de recordar todos los detalles de los especiales (y pensando que sería bueno tener las descripciones impresas). Debido a que usualmente no necesitamos mucha comida para llenarnos (lo cual no significa que no comamos mucho... sino que comemos más allá de nuestra capacidad), sugerí pedir una de las tres opciones de pan, una entrada, un segundo para cada uno y tal vez un postre para cada uno. Decidimos no tomar vino con la comida (podíamos haber llevado una botella ya que el restaurante es "bring your own") porque íbamos a ir a tomar después de la cena, pero sí pedimos aperitivos: Peach Bellinis para Gladys y Alvaro y un Champagne a l'Orange para mí. Mi aperitivo tenía una pastilla efervescente en el fondo de la copa, espero que no haya sido Redoxón.

Escogí los platos para compartir: Rare Breed "Berkshire Black" Pork Rillette w Lavosh & Pickles (rillete -una especie de paté- de cerdo "Berkshire Black" con galletas lavosh -super crocantes y delgadas- y pickles) y West Australian Marron Tail, Foie Gras Mousse, Fresh Pea Salad & Pea & Ham Ice Cream (cola de marron -una especie de langosta- de West Australia, mousse de foie gras, ensalada de arvejas frescas y helado de arvejas y jamón). De fondo, Gladys pidió el plato especial con cerdo confitado (no recuerdo la descripción completa pero tenía echalotes confitados y piel de cerdo crocante). Alvaro pidió Cocoa-Roasted Striploin of New Zealand Venison, Confit Carrot Puree, Baby Turnips & a Liquorice-Infused Sauce (bife angosto de venado de Nueva Zelanda asado al horno con cocoa, puré de zanahoria confitada, nabos bebé y salsa infusionada con liquorice -un rizoma que sabe como anís-). Yo pedí Roasted Boned & Rolled Macleay Valley White Rabbit, Braised French Snails, Baby Gem Lettuce & Parsnip Puree (conejo blanco de Macleay Valley deshuesado y enrollado al horno, caracoles franceses braseados, lechuga gem bebé y puré de parsnip -un vegetal pariente de la zanahoria, pero blanco-).

Las bebidas llegaron primero e hicimos un brindis. Luego llegó el rillete, que estuvo buenísimo y acompañado perfectamente por las galletas lavosh y los mini vegetales encurtidos. En este punto debo disculparme por la mala calidad de las fotos. Estábamos en un restaurante ficho, oscuro y vacío, así que no me atreví a activar el flash o tomarme más tiempo para obtener mejores tomas.

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Cuando terminamos, el maitre d' trajo un plato de cortesía para cada uno, una bola de pescado con crema de palta y aioli, super rica.

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Luego llegó la entrada. La porción era pequeña, así que me fue difícil dividir cada componente en tres partes. La cola de marron y la ensalada de arvejas estaban ricas, pero el mousse de foie gras y el helado de arvejas y jamón estuvieron excelentes. En ese momento quise tener una porción entera para mí sola pero no me habría entrado toda la comida.

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Luego llegaron los segundos. El plato de Gladys tenía un acompañamiento de algo envuelto en hojas de col (petit algo) que estaba tan rico como el cerdo confitado y la piel crocante.

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My plato tenía tres tajadas de enrollado de conejo, más tres caracoles, la lechuga bebé y el puré de parsnip (que en realidad era espuma). Me gustó, pero no lo encontré alucinantemente bueno..

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El plato de Alvaro llegó con dos hojas de lechuga fritas tipo tempura que parecían alas de ángel. Estuvo rico, pero todos estuvimos de acuerdo en que el plato de Gladys fue el más rico (y más grande).

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No estábamos listos para el postre aún así que esperamos un rato. No tuvimos que pedir la carta de postres, el maitre d' la trajo anunciando que el especial del chef era Pear & Caramel Souffle w Milk Chocolate & Chicory Ice Cream & a Poire William Milkshake (soufflé de pera y caramelo con helado de chocolate de leche y endivia y milkshake de pera William). Sugerí pedir una tabla de quesos pero Gladys y Alvaro prefirieron el postre especial del chef. Yo escogí Fig Leaf & Vanilla-Infused Pannacotta w a Fresh Fig Ice Cream & Sherry Reduction (pannacotta infusionada con hoja de higo y vainilla con helado de higos frescos y reducción de jerez).

Recibimos otra cortesía, traída por el chef a la mesa: una especie de crema inglesa de amapola cubierta con esos caramelitos que explotan en la boca y helado, servido en una copa para huevo. Fue una experiencia interesante que nos recordó nuestra niñez. Luego llegó el postre, también de manos del chef, quien explicó a Gladys y Alvaro que el molde del soufflé estaba super caliente y que la idea era abrir un hueco en el medio del soufflé, verter la mitad del milkshake de pera en él antes de comer y luego tomar el resto del milkshake a través de la cañita hecha de chocolate. Y no olvidar comerse la cañita después. Probé el soufflé, estaba bien rico, con buena textura y no muy dulce, y el helado de chocolate y endivia estaba delicioso.

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Mi pannacotta estaba rica también, pero para mí el soufflé estuvo mejor. Tal vez no debí haber pedido un postre italiano en un restaurante francés.

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Nos preguntaron si queríamos té o café pero dijimos que no porque en este punto ya estábamos oficialmente repletos. En líneas generales pienso que es un gran restaurante, aún cuando no sentí que todos los platos fueron igualmente buenos. Me encantaría regresar y probar el menú de degustación con maridaje de vinos, he leído que es uno de los mejores en Sydney.

Ya que era mi aniversario, me encargué de la cuenta:
2 Peach Bellini $24.00
1 Champagne Orange $12.00
1 Rillete $ 10.00
1 Marron $26.00
1 Pork $34.00
1 Venison $34.00
1 Rabbit $32.00
2 Souffle $30.00
1 Figs $30.00
Total $217.00

Luego caminamos hasta la casa (3 kilómetros, de acuerdo con Google Maps), dejamos mi mochila con la laptop del trabajo y salimos nuevamente hacia Erskineville Road a tomar algo. Chequeamos el Erskineville Hotel (acá los pubs se llaman hotel) pero no nos gustó la vibra, así que fuimos al Hive Bar (mi pub favorito en esa zona) pero había demasiada bulla, no sólo por la música, sino también por una chica gorda de voz chillona. Gladys y yo tomamos una cerveza cada una (Alvaro tomó un jugo) y luego fuimos a The Rose of Australia, donde nos tomamos otra cerveza (cada una). Luego caminamos de vuelta a King Street, chequeamos el Union bar pero no nos gustó el ambiente, caminamos al Courthouse Hotel en Australia Street, pero estaban cerrando. Regresamos a "nuestro lado" de King Street y terminamos en el Sando (Sandringham hotel) tomando una cerveza más cada una. Alvaro y yo queríamos algo para picar pero la cocina ya había cerrado, así que compramos una bolsa de papitas en la máquina que hay dentro del pub y luego papas fritas de verdad de la sanguchería que está al costado del pub. No nos habíamos dado cuenta de que era super tarde y no llegamos a la estación de St Peters a tiempo para que Gladys tome su tren, así que se quedó a dormir en nuestro departamento.

Restaurant Atelier
22 Glebe Point Road Glebe NSW Australia 2037
61 2 9566 2112
www.restaurantatelier.com.au


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Wednesday, March 17, 2010

Review: Cafe Sophia

La semana pasada nuestra amiga peruana Carina viajó desde el norte de Australia para participar en parte del tour de Lama Ole. Estuvo en Sydney por unos días y se fue el domingo. Tomamos desayuno con ella esa mañana en Cafe Sophia, que queda cerca del centro budista, en donde se quedó a dormir.

Alguien me había recomendado ese café antes, pero debido a que mis desayunos son pequeños y cortos usualmente no los tomo en cafés, como lo hace un montón de australianos. De hecho, creo que el desayuno del domingo pasado fue mi segundo desayuno de café en los 10 meses que tengo viviendo aquí. Volviendo al tema, Matt sugirió ir a Sophia porque la comida es rica y es un negocio familiar con buena vibra y servicio al cliente.

Eran casi las 11 am y estaba lleno, uno de los dueños nos dijo que esperemos y alistó un par de mesas para nosotros. Mientras tanto pedimos nuestra comida. Alvaro pidió tostada francesa con tocino y plátano y un latte.

Cafe Sophia - French toast, bacon, banana



Yo pedí frejoles horneados hechos en casa con huevo pochado y tostadas y un cappuccino con leche de soya. Normalmente no habría pedido frejoles pero realmente quería comparar frejoles horneados bien hechos a los enlatados que nos dieron en el hotel de Canberra.

Cafe Sophia - Homemade baked beans, poached egg, toasted sourdough



Los frejoles estaban deliciosos, el huevo pochado perfecto. La combinación con hojas de eneldo y las tostadas tibias con mantequilla fue alucinante. Probé la tostada francesa de Alvaro con un poquito de tocino, un pedacito de plátano y un chorrito de almíbar, estaba rico pero mis frejoles estaban mejor. O de repente lo que pasó es que tenía antojo de un desayuno/brunch salado esa mañana.

Ese fue el fin de esta tragadera que empezó con el evento de Lama Ole. Sé que podría y debería restringirme a comer inteligentemente siempre pero por el bien de mi cordura me doy un descanso de vez en cuando. Este en particular tuvo un resultado de 1 kilo de más en la balanza (por supuesto que eso no significa mucho en términos de grasa/masa muscular, pero es una de las medidas más fáciles de controlar), el cual ya eliminé. Fue relativamente simple porque no dejé de entrenar, es por eso que he decidido inscribirme en mi viejo gimnasio tan pronto como llegue a Lima para tratar de mantener mi peso dentro de límites razonables, es decir que espero poder entrar en mi ropa de oficina tan pronto como vuelva.


Cafe Sophia
7 Swanson St
Erskineville NSW 2043
(02) 9519 1565


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Tuesday, March 16, 2010

Viaje corto a Canberra - día 2 de 2

Incluyendo reviews: Zipp Restaurant Bar, My Cafe, Dobinsons Bakery Cafe

El sábado nos despertamos a las 6 am. Nos alistamos para ir al gimnasio y bajamos. Desafortunadamente había dos tipos ahí, así que fue un poco difícil usar las máquinas, pesas, etc. Nos quedamos un rato pero luego le sugerí a Gladys ir de vuelta al cuarto para hacer un poco de planchas, sentadillas, etc., ahí.

Aproximadamente una hora después estábamos listas para el desayuno. Mi experiencia hasta el momento había sido que los buffets de desayuno son estándares, de modo que por lo menos son decentes. Estaba muy equivocada. Después de servirnos un vaso de agua y uno de jugo decidimos empezar con avena. Me encanta la avena y nunca había comido una que no me gustara hasta el sábado pasado. Yo le puse encima albaricoques secos, pasas, nueces, manzanas deshidratadas y fruta fresca (sandía, melón, piña). Gladys probó su avena primero y me dijo que algo andaba mal. Estaba excesivamente dulce. No sólo la habían mezclado con frutas secas sino que no la habían remojado en agua o leche, sino en yogurt endulzado.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Porridge (way too sweet), dried fruit, nuts and fresh fruit.


La segunda ronda fue salada. Me serví huevos revueltos, los cuales estaban perfectamente cocidos y sazonados, frejoles horneados de lata (no entiendo por qué ofrecen comida enlata en un hotel que definitivamente no es barato), un hash brown (masas de papa rallada fritas) y un croissant. También había tocino y salchichas chiquitas que no probé. Habría sido realmente bueno si hubieran incluido tomates horneados y champiñones, como en la mayoría de restaurantes que ofrecen buffet de desayuno. Los huevos y el croissant fueron las únicas cosas en el plato que me gustaron.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Scrambled eggs, CANNED baked beans, hash brown and croissant.


Las bebidas "calientes" incluían una selección (limitada) de tés, café aguado y frío en termos, leche entera y leche descremada.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Cold, watery coffee with milk.


Nos dimos cuenta un poco tarde de que había una mesa en una esquina con diferentes tipos de pan de molde, tostadoras y cosas para untar. Comí un crumpet (pan con forma parecida a la mitad de abajo de un pan francés) con mantequilla de maní y mermelada de frambuesa, Gladys comió una tostada multigranos con mantequilla y mermelada.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Toasted crumpet, peanut butter and raspberry jam.


También había panqueques y facturas. Las facturas dulces estaban ricas, seguro las compraron en el mismo proveedor de los croissants. Los panqueques estaban demasiado dulces; a pesar de ser dulcera sólo pude comer un pedacito.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Sweet pastry, way too sweet pancake with syrup.


A estas alturas y aún cuando habíamos dejado comida en los platos, ya estábamos llenas. Pero sabíamos que tendríamos que hacer cola por al menos 1.5 horas para entrar a la exhibición, así que hice un último esfuerzo y comí un raisin toast (pan de molde con pasas y usualmente canela, tostado) con mantequilla. No sé de dónde salió el pan pero la tajada era super gruesa y sabía a comida realmente barata. Para nada rico.

Zipp Restaurant Bar (Mantra hotel, Canberra) - Terrible raisin toast with butter.


Bien alimentadas (en términos de cantidad pero no calidad), fuimos a la recepción para preguntar cómo llegar a la galería. La recepcionista de turno esa mañana carecía de expresión alguna y habilidades de servicio al cliente, y sólo nos dijo "la mayoría de la gente va en taxi". Habíamos estado pensando en ir caminando pero luego nos dimos cuenta de que gastaríamos preciosos minutos y tomamos un taxi. Nuestro amigable conductor nos preguntó si habíamos tomado desayuno en preparación para la hora y media o dos horas de cola. Asentimos.

Llegamos a las 9:15 am. Había dos colas, una para la gente con entradas y otra para la gente que recién las iba a comprar. A primera vista la cola para gente con entrada no se veía tan larga pero en realidad llegaba hasta el jardín de la siguiente galería, la cual es un edificio separado rodeado de grandes jardines.

National Gallery of Australia (Canberra) - Queue for Masterpieces from Paris


Algunos minutos después de que llegamos ya había una gran cantidad de gente haciendo cola detrás de nosotras.

National Gallery of Australia (Canberra) - Queue for Masterpieces from Paris


A las 10 am, la hora oficial de inicio de la exhibición para público no VIP, la cola empezó a moverse lentamente. Llegamos a la puerta de la galería a las 11:00 aproximadamente, y nos dimos cuenta de que había más cola dentro de la galería. Eventualmente llegamos al primer cuarto de la exhibición (había seis en total) y aún cuando estábamos cansadas y había colas en frente de la mayoría de pinturas, fue realmente una gran experiencia. No sé si volveré a tener la oportunidad de estar tan cerca de una obra de arte original, y de poder apreciar todos los detalles en color, forma, volumen y profundidad que hacen la diferencia entre corriente y excelente.

Por supuesto que la galería ofrece otras exhibiciones pero estábamos demasiado cansadas para visitarlas. Hicimos una última cola para pagar los recuerdos que compramos (Gladys compró un libro de la exhibición y yo una impresión de mi cuadro favorito de Van Gogh, "Noche Estrellada"). Luego de eso nos sentamos por 5 minutos y caminamos los casi 3 kilómetros que nos separaban de Manuka, según la guía uno de los dos suburbios que todo amante de la comida debe visitar (el otro es Kingston).

Una vez más nos vimos rodeadas de grandes casas con amplios jardines, hartos árboles, unos cuantos autos estacionados y cero personas. Cuando llegamos a Manuka no había una sola tienda y temimos que habíamos sido vilmente engañadas. Caminamos hacia el inicio de Franklin Street y nos sentimos aliviadas cuando vimos gente y tiendas. Sin embargo, casi todos los restaurantes estaban cerrados (algunos cierran a las 2:00, otros a las 2:30), así que nuestras opciones eran limitadas.

Luego de revisar los menús de los sitios disponibles decidimos quedarnos en My Cafe, el cual estoy casi segura de que también aparecía en la guía. El servicio era medio lento pero eventualmente ordenamos un plato con cordero para Gladys y una hamburguesa especiada de lentejas y macadamias para mí. También pedimos cerveza, y después de varios minutos de tomar y conversar se acercó una mesera distinta para avisarnos de que no tenían el plato que había elegido Gladys. En su lugar, pidió un sandwich de pollo, tocino y tomates secos.

La comida demoró bastante en llegar, la cocina era realmente pequeña y todo lo que veía salir de ella eran hamburguesas de res. Cuando llegaron nuestros platos yo ya había terminado mi cerveza, así que pedí otra (que se demoró en llegar). Gladys había pedido su sandwich en una focaccia pero se veía como un pan común y corriente. Tenía tomate fresco además de unos cuantos tomates secos y papas fritas como acompañamiento. Gladys me dijo que el pollo estaba frío.

My Cafe (Canberra) - Chicken, bacon and sundried tomatoes "focaccia"


My hamburguesa especiada no sabía como tal. Estaba esperando un sabor de medio oriente que no encontré.

My Cafe (Canberra) - "Spicy" lentil and macadamia burger


El guacamole que supuestamente iba encima de la hamburguesa era realmente un pedacito deforme de palta. La ensalada, que pensé que era parte del acompañamiento junto con las papas fritas, era reealmente unas cuantas hojas de lechuga en el sandwich.

My Cafe (Canberra) - "Guacamole" on lentil and macadamia burger


Pagamos $14.50 y $14.90 por los sánguches, una vez más no fue una ganga para la calidad de la comida. Decidimos de nuevo evitar el riesgo de pagar $8.50 por un postre y tomamos un taxi al centro de la ciudad. Fuimos al centro comercial a comprar comida para el bus de retorno. Comimos un pie ahí, luego Gladys compró galletas que no comió y yo un sandwich Chicken Caesar en pan focaccia, que terminó siendo la única cosa realmente rica que encontré en Canberra (lo compré en Dobinsons Bakery Cafe, el pie también era de ahí pero no fue la gran cosa). Lo gracioso es que lo obtuve en el patio de comidas de un centro comercial.


Zipp Restaurant Bar
84 Northbourne Ave
Braddon ACT 2612
(02) 6243 2528


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My Cafe
87 Grimwade St
Mitchell ACT 2911
(02) 6295 6632


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Dobinsons Bakery Cafe
Bunda St
City ACT 2601
(02) 6257 5966


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Monday, March 15, 2010

Viaje corto a Canberra - día 1 de 2

Incluyendo reviews: Gus' Cafe, Babar Cafe & Bar, Kistchen, Brasserie, Debacle

El viernes pasado, después de haber dormido pocas horas después de una buena fiesta en el centro budista, Gladys y yo nos levantamos y partimos hacia la estación Central para agarrar el bus de las 9 am hacia Canberra. Escogimos esa hora porque a) era más barato y b) queríamos aprovechar el tiempo al máximo en nuestra corta estadía en la ciudad capital. Seguimos la sugerencia de un amigo que vive ahí y escogimos Murrays, y tengo el placer de reportar que es una muy buena compañía de transporte.

El propósito de nuestro viaje era asistir a la exhibición Masterpieces From Paris en la Galería Nacional de Australia. Se trataba de una gran oportunidad para ver obras maestras originales de Van Goh, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Monet y otros, por sólo $25. El precio de nuestras entradas estaba incluido en el paquete de hotel que compramos.

Nos encontramos con una amiga del centro en el bus, quien amablemente se ofreció a moverse a otro asiento porque ya no quedaban más filas con dos asientos juntos. Habíamos empacado nuestro desayuno para comerlo en el bus, sánguches que yo había preparado con pan multigranos de Rise, jamón y queso suizo de The Deli on King, lechuga y mermelada de cuatro frutas sin azúcar. Adicionalmente, llevé una manzana y almendras y Gladys una tajada de keke de plátano. Leí un poco, dormí un poco y observé el paisaje con harto verde, montones de árboles, algunas vacas, etc.

El terminal del bus estaba a pocas cuadras del hotel que habíamos reservado: Mantra on Northbourne. Caminamos ahí, sorprendidas de la limpieza, tranquilidad y cantidad de árboles que hay en Canberra. Respirando ese aire frío, seco y no contaminado nos sentimos como si estuviéramos en las montañas del Perú.

Llegamos al hotel a las 12:30 pm. La recepcionista nos informó que nos habían "subido de categoría" de la suite que habíamos reservado a un departamento y nos dio las llaves del cuarto. Me olvidé de confirmar si el cuarto tenía dos camas separadas como había pedido en el formulario de reserva, y cuando llegamos al cuarto encontramos sólo una cama tamaño queen. Gladys llamó a recepción, en resumen le dijeron que el sofá en la sala era un sofá-cama y que tendríamos que esperar si queríamos que nos "bajaran de categoría" a un cuarto con dos camas. Debido a que estábamos cortas de tiempo, nos quedamos ahí.

Después de dejar nuestras cosas y revisar una guía de entretenimiento buscando lugares donde comer, fuimos a chequear las instalaciones del hotel: piscina temperada, sauna y gimnasio. El acceso a ellos era a través de las escaleras para incendios, llegar ahí le da a uno la sensación de ir a un estacionamiento subterráneo, con todo ese concreto y falta de luz natural.

La piscina se veía limpia, no vi el interior del sauna porque no tenía intenciones de usarlo, pero sí estaba muy interesada en el gimnasio. Era pequeño, como la mayoría de los gimnasios de hotel en los que he estado (a excepción del que está en el Intercontinental de Nueva Delhi), con unas cuantas pesas (que llegaban sólo hasta 10 kilos), máquinas, un aparato combinado para hacer barras/dips/silla romana, un par de fajas para correr, una máquina de remo, una máquina elíptica y una colchoneta. Todo era bastante viejo y la alfombra estaba realmente sucia, como si no la hubiesen aspirado por lo menos en el último mes. (Dicho sea de paso, cuando caminamos del ascensor hacia la escalera para incendios nos dimos cuenta de que la alfombra del primer piso estaba toda manchada a causa de una inundación o algo similar). También había un televisor viejo en un rack, aire acondicionado y agua en botellón que preferimos no tomar, por si las moscas.

Nos fuimos del hotel y caminamos unos cuantos cientos de metros hacia el centro de la ciudad, que realmente está compuesto de unas cuantas cuadras con tiendas, cafés y restaurantes. Decidimos tomar un café en uno de los sitios recomendados en la guía: Gus' Cafe. El lugar estaba lleno, así que parecía una buena alternativa. Los cafés no estaban baratos ($3.80 por un latte y $4.70 por un cappuccino con leche de soya), así que esperamos lo mejor. El latte de Gladys era realmente pequeño. Mi cappuccino tenía un tamaño promedio pero estaba demasiado caro para lo que era. Unos pocos minutos después vimos a Matthias y Niels pasar con sus mochilas; acababan de llegar de Sydney. Nos acompañaron con té y café, y conversamos un rato.

Debido al tamaño del latte, Gladys aún necesitaba cafeína, así que cuando se fueron los chicos cruzamos la pista para buscar un lugar más económico donde tomar un segundo café. Encontré otro lugar recomendado: Babar Cafe & Bar. Se veía un poco como un restaurante de comida rápida, había una familia en la mesa de al lado comiendo pizza y pasteles. Los cafés estaban un poco más baratos: $3.20 por un cappuccino normal y $3.60 por el de soya. Desafortunadamente el sabor no era bueno: estaban amargos. Miré a los baristas y me di cuenta de que eran super jóvenes (probablemente demasiado jóvenes para tomar café), así que sugerí buscar baristas mayores la próxima vez.

Hasta el momento no teníamos un muy buen concepto de la escena gastronómica de Canberra, comparada con Sydney parecía sobrevalorada y de menor calidad (comparada con Lima, a uno le hace pensar seriamente en vivir a punta de pan con mantequilla).

Fuimos de regreso al hotel y nos pusimos la ropa de ejercicio: era tiempo de usar las instalaciones del hotel y "sacarle el IGV" a la plata que habíamos pagado por el cuarto. Entrenamos por una hora, luego fuimos de regreso al cuarto para ducharnos y ponernos nuestras ropas de baño. Bajamos de nuevo a la piscina, el agua no estaba helada pero tampoco tibia. Nadamos un poco, pero nos aburrimos rápido (estoy segura de que estar atrapadas en un sótano tuvo mucho que ver con ello) y regresamos al cuarto para otra ducha. Nos vestimos con ropa más abrigadora esta vez, debido a que la temperatura había empezado a disminuir, y partimos con el rumbo opuesto esta vez, buscando más sitios recomendados.

Esa área de Canberra es más "industrial", con algunos distribuidores de vehículos, etc. Chequeamos cuatro restaurantes y decidimos quedarnos en Kitschen, que tiene un menú de comida australiana moderna con influencias italianas. Pedimos "pan de hierbas" de entrada, más Penne Chorizo con pollo y salsa napoletana para Gladys y una torre de vegetales a la parrilla con polenta para mí. El "pan de hierbas" llegó y lo comimos sólo porque nos moríamos de hambre (ya eran las 5:30 pm y no habíamos almorzado realmente). Una mejor descripción en el menú debió haber sido: "cuatro tajadas de pan blanco remojado en mantequilla con unas cuantas hojas de hierbas secas encima". Pagamos $5.90 por eso.

Kitschen - "Herb bread": White bread slices soaked with melted butter and a very little herbs on top.


Un rato después llegaron los platos de fondo. La pasta de Gladys se veía bien, con escamas de queso parmesano encima, pero la porción parecía un poco pequeña para el precio ($16.90).

Kitschen (Canberra) - Penne with chorizo.


Mi plato también se veía pequeño, sobre todo considerando que costaba $19.90, pero el emplatado era interesante. En el fondo del plato había un portobello, luego un pedazo de polenta, luego berenjena, otro pedazo de polenta, más berenjena, más polenta, pimiento y zucchini, con una cucharada de queso fresco búlgaro encima. En los lados del plato había un poco de pesto y de salsa napoletana. Desafortunadamente, sólo las salsas y el queso tenían sabor. Había estado con antojo de polenta por algún tiempo pero ésta estaba totalmente desabrida. Los vegetales, idem.

Kitschen (Canberra) - Vegetable stack with polenta wedges, pesto, napoletana sauce and Bulgarian fetta.


Nos vimos tentadas a pedir postre pero decidimos que era muy riesgos. Nos fuimos y comenzamos a caminar en dirección a la casa Mahamudra (el centro budista en Canberra), hacia el noroeste de donde estábamos. Caminamos por 40 o 45 minutos, llamando a Matthias cada 10 para confirmar si iba a estar ahí. Nunca respondió, así que continuamos caminando. Recordé que Mark una vez dijo que la casa Mahamudra estaba en "el Newtown de Canberra". Mientras caminábamos pasando casas grandes con jardines enormes y sin gente nos preguntamos si era cierto o si se trataba de una estrategia de marketing.

Finalmente llegamos a la zona "movida" del suburbio. Menos de una cuadra con unas cuantas tiendas, un café, un pub, una oficina de correo, un restaurante grande, una farmacia y un centro médico. Ah sí, y una pared con graffiti. La casa Mahamudra estaba cerrada, así que nos sentamos en una banca para esperar a que fueran las 8 pm, la hora oficial de meditación. Estábamos a unos cuantos metros de la puerta del centro, de manera que no podíamos ver si las luces estaban prendidas o no, chequeamos a las 8:10 aproximadamente y estaban prendidas. Cuando entramos saludamos a Wanda y su hija Mika, Rob y Maika. Meditamos con ellos y aceptamos la generosa oferta de Rob y Maika de llevarnos de vuelta al hotel en su carro.

Todavía era temprano, alrededor de las 9:30 pm, y se nos antojó un vaso de vino tinto y algo para picar, para combatir el frío. Revisamos el menú en el restaurante del hotel, pero no tenían piqueos, así que regresamos al centro de la ciudad. Nada ahí nos llamó la atención y regresamos al otro lado del hotel, cerca a donde habíamos cenado antes.

El primer sitio por el que pasamos fue Delissio Brasserie. Tenía vinos por copa y piqueos, así que entramos y nos sentamos en la barra. Meseros ocupados y no tan ocupados pasan por nuestro nado, ninguno nos miró, ninguno nos alcanzó un menú o nos dijo que esperemos para ser atendidas. Ahí fue cuando tuvimos la certeza de que el servicio al cliente en Canberra simplemente no existe. Nos pusimos nuestras casacas y salimos para buscar otro lugar.

Un poco más allá estaba Debacle, que es más un pub que un restaurante. También tenían vinos por copa, pero desafortunadamente la cocina estaba cerrada. Igual nos quedamos y tomamos una copa de vino cada una (las botellas no estaba apropiadamente selladas o refrigeradas, así que el vino no sabía tan bien). En nuestro camino de retorno, aún con un poquito de hambre y un gran antojo por un piqueo, compramos una bolsa de Doritos.

Regresamos al hotel, armamos el sofá-cama y nos acostamos. No pude dormir muy bien porque tenía mucho frío, y estábamos tan cansadas que nos olvidamos por completo de prender la calefacción.


Gus' Cafe
Shop 8 Garema Arcade
Bunda Street
Civic ACT 2601
(02) 6248 8118

Babar Cafe & Bar
9/20 Allara St
City ACT 2601
(02) 6248 6446


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Kitschen
18 Lonsdale St
Braddon ACT 2612
(02) 6247 2946


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Delissio Brasserie
Elouera St
Braddon ACT 2612
(02) 6257 5733


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Debacle
30 Lonsdale St
Braddon ACT 2612
(02) 6247 1314


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Wednesday, March 10, 2010

Review: Pastabella

Pastabella - gnocci Pastabella



Para su cena de cumpleaños, mi hermana quería comida italiana, así que procedió como de costumbre a revisar comentarios en eatability.com.au. Inicialmente pensó ir a algún sitio en Newtown pero no pudo ignorar un lugar con super buenos comentarios en Glebe, a un par de kilómetros de distancia. El lugar se llama Pastabella y casi todos los comentarios enfatizan la frescura y buen sabor de las pastas (hechas en el restaurante) y el tiramisú de la mamá del dueño.

Pastabella es chico y se llena (fuimos un martes en la noche y estaba reventando). Nuestra mesa estaba situada en la terraza, que tenía una vibra más íntima que el resto del restaurante. Gladys ya estaba ahí cuando llegué, mientras conversábamos y revisábamos el menú, llegaron sus amigos. Fue difícil para todos elegir un plato, aún cuando el menú no es muy largo. También habían 3 platos especiales: risotto con cangrejo, raviolli con langostinos y espárragos, y cannelloni con pollo a la parrilla. Después de pensarlo bien, pedí gnocchi Pastabella (pesto + salsa napoletana, en la foto del comienzo de este post), Gladys pidió fettuccine puttanesca, y los demás: lasagna bolognese, spaghetti puttanesca, spaghetti napoletana, spaghetti marinara (con salsa napoletana, la otra opción era salsa cremosa) y cannelloni con pollo a la parrilla.

Pastabella - fetuccine puttanesca.


Pastabella - spaghetti marinara


Pastabella - cannelloni


También pedimos pan al ajo y bruschetta con tomate, albahaca y aceite de oliva. Yo comí pan al ajo, tostado a la parrilla en lugar de horneado, estaba rico. Realmente fue una muy buena idea pedir pan porque la comida demoró bastante en llegar a la mesa. Puedo entenderlo totalmente desde el punto de vista de que preparar comida apropiadamente (en lugar de recalentarla en microondas) toma tiempo, y de que todos los platos fueron servidos al mismo tiempo, como se supone que debe ser. Todos los platos se veían deliciosos, el mío de hecho lo estaba, así como el de Gladys. Yo había llevado un Pinot Noir neozelandés que cayó perfecto con la comida. Sólo hubo una queja sobre la comida, la amiga de Gladys no come picante y su spaghetti marinara tenía ají, aún cuando el menú no lo mencionaba. No terminó su plato, lo cual fue una lástima porque se veía alucinante.

Después de comer y conversar llegó la hora de cantar happy birthday. Pedimos 3 tiramisús para compartir, uno de ellos llegó con chispitas mariposa (viendo los regalos y el prendedor que decía "birthday girl" en el polo de Gladys era bastante obvio que estábamos celebrando un cumpleaños). El tiramisú estaba fresco y sabroso, tal vez no es el mejor que he probado en mi vida, pero se acerca.

Pastabella - tiramisu


Pastabella es definitivamente el lugar para ir en busca de muy buenas pastas. La comida es excelente, los precios no son tan altos, la atmósfera es buena y el servicio es super amigable (sin embargo, no estaría mal que contrataran un mesero para ayudar a la esposa del dueño).

Pastabella
89 Glebe Point Rd
Glebe NSW 2037
Australia
(02) 9566 4488


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Tuesday, March 09, 2010

Review: Doorae

Doorae - fried egg dish, noodles, sides


El martes pasado fue el cumpleaños de mi hermana. Se tomó el día libre en el trabajo, así que fue a mi oficina para almorzar con Alvaro y yo. La idea era ir a algún sitio BBB (bueno, bonito y barato), no tan lejos de mi oficina. Yo tenía algunas opciones: Pulse (ensaladas, hamburguesas y jugos realmente buenos con algunos ingredientes orgánicos), Sagano (comida japonesa), Doorae (comida coreana) y Taste on Sussex (algo así como fusión, con influencia francesa).

Taste fue descalificado debido a las largas colas a la hora de almuerzo. Cuando llegó Gladys fuimos a chequear Sagano, me dijo que le parecía un poco caro, así que nos dirigimos a Doorae. Revisamos el menú y decidimos quedarnos ahí. Creo que fue una buena elección porque las únicas dos mesas que hay en Pulse están afuera, y el día estaba frío y lluvioso.

Alvaro llegó cuando ya nos habíamos sentado y estábamos a punto de ordenar. Escogimos 3 combos de almuerzo para compartir, no recuerdo los nombres o descripciones exactas, pero haré mi mejor intento: el primero era chancho BBQ con acompañamientos servidos en platos pequeños por separado: kimchi (col encurtida al estilo coreano), algas, arroz al vapor, camote en almíbar y "frejolito chino" (brotes de frejol).

Doorae - BBQ pork with sides


El segundo fue carne de res molida con algas, hongos, frejolito chino, zanahoria rallada y cebolla, servido sobre arroz al vapor y "montado" (con huevo frito encima).

Doorae - veggies/minced beef/steamed rice/fried egg


El tercero fue fideos en caldo de cola de buey con vegetales asiáticos.

Doorae - noodles in oxtail broth


Ordenamos las bebidas primero, Gladys y yo tomamos cerveza, Alvaro té verde. El restaurante estaba lleno cuando pedimos la comida y el staff parecía ser eficiente, pero no muy amigable. Cuando los platos llegaron a la mesa, le pedimos a la mesera platos pequeños, debido a que íbamos a compartir. Se le notó un poco molesta pero igual trajo los platos rápidamente.

Cuando llegó la sopa nos dimos cuenta de que necesitábamos bols para compartirla, así que se los pedimos a otra mujer, quien parecía ser la dueña. Con cara de pocos amigos y visiblemente molesta, nos dio más platos (los mismos híbridos entre platitos y bols que nos dieron primero, que sirvieron para la sopa). Después de eso decidimos esperar hasta encontrar una mesera que no estuviera muy ocupada y que pareciera más amigable para pedirle que nos tome una foto.

La comida estaba rica. Fue mi primer encuentro con comida coreana, así que no puedo compararla, pero Gladys dijo que estaba bien. Aunque no demasiado bien. Entre las cocinas asiáticas, sigo prefiriendo la vietnamita. De todos los platos mi favorito fue el chancho BBQ, y el plato de carne molida con huevo frito me decepcionó un poco.

Le llegamos a pedir a una mesera que nos tome una foto, ella lo hizo sin quejarse pero aún así nos fuimos con la idea de que el servicio al cliente no es el fuerte de los coreanos.

Lo bueno es que la cuenta salió sólo $38, incluyendo las bebidas. Eso es re-barato para Sydney.

De regreso a la estación del tren y mi oficina, paramos en Salad Works para un postre saludable: galletas de manzana y pecanas (Gladys y yo) y keke de plátano (Alvaro).

Doorae
209 Clarence St
Sydney NSW 2000
Australia
(02) 9290 1004


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Thursday, March 04, 2010

"Barbie" australiana y mini review (Buzzzbar Cafe)

Zucchini, eggplant, mushroom, capsicum and chicken skewers


Los australianos tienen la misma costumbre de algunos latinoamericanos: el uso exagerado de diminutivos. Se llaman "aussies" a sí mismos, y entre sunnies (de sunglasses, lentes de sol), sickies (sick days, permiso por enfermedad en el trabajo), Chrissy (Christmas, Navidad) y Tassy (Tasmania), tienen barbies (barbecues, parrilladas). Así como los peruanos adoramos nuestras cebichadas y anticuchadas, los aussies aman sus barbies.

Como escribí algunos días atrás, nuestra amiga Julia se fue de regreso a Alemania. La familia con la que estuvo viviendo en Sydney organizó una (adivinen!) barbie de despedida el sábado. Ella me pidió llevar una ensalada, salchichas y, por supuesto, vino. La ensalada llevaba lechuga roja y verde, beterraga horneada, pepino, choclo, palta, culantro, jugo de lima y limón.

Los piqueos fueron un dip buenazo de frejoles y atún, trozos de pan baguette, galletas Sakata con nori y wasabi peas, arvejas crocantes con wasabi. Aparte del merlot que llevé (un sudafricano realmente bueno y barato) había Passion Pop. Después de que se terminó el merlot no tuve otra alternativa que tomar Passion Pop. Trataré en la medida de lo posible evitar esta situación en el futuro a cualquier costo.

Después de unas cuantas horas de tomar, conversar y picar llegó la hora de empezar la parrillada. No sé cómo pero terminé haciendo la chamba porque simplemente no pude alejarme de la comida. Las salchichas fueron servidas a los niños en pan de hot dog con ketchup. Nosotros comimos las brochetas de zucchini, berenjena, champiñones, pimiento y pollo que Julia había armado. Estaba oscuro, así que tuve que usar una linterna para ver si los pedazos de pollo estaban cocidos. Espero que todos hayan quedado bien.

Sausage rolls


Grilling


Aparte de las brochetas y mi ensalada había una ensalada estilo mediterráneo (lechuga, aceitunas, queso feta), papas horneadas y pan al ajo. Y para cerrar con broche de oro, la aclamada pavlova australiana, preparada por nuestra adorable anfitriona, con plátano, maracuyá y mango, y una bola de helado de vainilla al costado.

Las horas pasan volando cuando te diviertes, y ciertamente este fue el caso. Eran las once y pico de la noche y ya no había manera de que encontremos un bus a esa hora. Así que caminamos 3 kilómetros de vuelta a casa, no detenernos en Buzzzbar Cafe para comer más postre. Ya sé, ya sé, esa es la razón por la cual estoy engordando de nuevo, pero recuerden que todos los rehabilitados (los alcohólicos, por ejemplo) nunca dejan de ser adictos, se encuentran en proceso de recuperación de por vida. Mi nombre es Gaby y son una adicta a los postres rehabilitada.

Volviendo al tema, si en algún momento estás en King Street, Newtown, con antojo de postre, no te equivoques y anda de frente a Buzzzbar Cafe. Hemos probado unos cuantos y todos han sido excelentes. Esta vez pedimos un cheesecake horneado con una bola de helado, y lo comimos en cinco minutos porque estaban a punto de cerrar. Somos unos cerdos, lo sé.

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Wednesday, March 03, 2010

Review: La Mint

Comer fuera es inevitable. Aún cuando uno promete cocinar todos los días de su vida (o comer sobras), uno no puede escaparse de las cenas de cumpleaños y parrilladas de despedida. Eso es lo que ha estado pasando últimamente, como cualquiera podría darse cuenta si pudiese ver mi cintura. He comido fuera 6 veces* en los últimos 5 días y ya aumenté varios kilos de grasa.

La primera de esas comidas fue la cena de cumpleaños de Marcelo, el amigo de mi hermana (no es que no sea mi amigo, pero Gladys nos lo presentó). Él escogió La Mint, un restaurante vietnamita/francés en Surry Hills, basándose en los comentarios que vio en Internet y después de haberle dado un vistazo al ambiente del lugar.

Alvaro y yo fuimos los primeros en llegar. Pedimos agua de caño; nos la sirvieron en una jarra con hojas de menta y hielo. Buen detalle. Esperamos a que lleguen los demás mientras revisábamos el menú. Yo ya lo había visto en Internet y, debido a que se trataba de un restaurante vietnamita con influencia francesa, pensé que sería mejor escoger comida vietnamita. Con eso en mente, había llevado un riesling de South Australia.

La Mint - tap water with mint and ice


Conversamos en español e inglés (había australianas, chilenos, peruanos y venezolanos en la mesa), mientras esperamos hasta que casi todos llegaran. No esperamos a Sergio porque estaba atorado en el tráfico.

La mayoría de gente escogió platos vietnamitas, excepto José Miguel que pidió Papillotes aux deux Fromages ("Wantanes crocantes rellenos con queeso Camembert y queso crema") como entrada y Gladys que pidió Oxtail à la Bourguignonne ("Suave y picante cola de buey à la Bourguignonne con zucchini, champiñones y zanahorias"). Alvaro y yo pedimos Vietnamese Campfire Beef ("Carne de res cortada en finas rodajas en un wok caliente en su mesa servida con papel de arroz y una canasta de hierbas frescas"), Halong Bay Style Grilled Prawns ("Langostinos tamaño U8 de Crystal Bay a la parrilla con especias asiáticas servidos con ensalada de mango verde") y arroz al vapor para compartir. Otras personas del grupo pidieron Pavé de Porc ("Un plato exquisito de suave panceta de cerdo, cocida lentamente hasta caramelizarse") y Dalal Lemongrass Chicken ("Pollo a la parrilla con especias vietnamitas, hierbaluisa, ají y hierbas frescas").

La carne que ordenamos vino en un wok que más parecía bol colocado sobre un plato que contenía un líquido inflamable. La mesera encendió el fuego de manera que la carne se calentó un poco (no estoy segura si había suficiente fuego para cocinarla, creo que llegó cocida de la cocina). Tratamos lo mejor que pudimos de enrollar las hierbas y carne en el papel de arroz después de mojarlo con el agua que nos habían traido en un bol, pero nuestros rollos no se veían tan profesionales como los de Marcelo, quien había ordenado el mismo plato. La carne vino con una salsa roja dulce buenaza.

La Mint - Vietnamese Campfire Beef


La Mint, Vietnamese Campfire Beef side vegetables


Los langostinos a la parrilla estuvieron bien, los mariscos australianos son un poco desabridos para nuestro gusto, y la ensalada estuvo muy rica. Sin embargo, para la cantidad y calidad de la comida creo que estaba un poco cara.

La Mint - Halong Bay Style Grilled Prawns


Las personas que comieron el chancho y el pollo dijeron que sus platos estuvieron muy buenos. Pero la opinión general del grupo fue que la comida estuvo rica pero no espectacular, sobre todo porque no era comida tradicional, sino tal vez una adaptación para los paladares occidentales. Si ese es el caso, deberían darse cuenta de que nuestros paladares occidentales se mueren por auténtica comida asiática!

No pedimos postres del menú porque el cumpleañero había recibido muffins y pedazos de torta de sus compañeros de trabajo. Cantamos happy birthday en varios idiomas y versiones y comimos los kekes, que me dejaron arrepentida de no haber ordenado los postres del restaurante.

Después de despedirnos de los que se fueron a su casa y de los que se fueron a juerguear, caminamos hacia la estación de Museum. No pude resistir la tentación y compré un postre "de a de veras" en Gloria Jeans. El postre, llamado Pecado Mortal, es una pila de calorías nutricionalmente nulas compuesta por capas de cheesecake, mousse de chocolate y merengue con crema. Pero sirvió para quitarme el sabor a keke barato.

* La cena y el postre contaron como 2 salidas a comer.

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Monday, October 19, 2009

Review: Efendy

Octubre es un mal mes para hacer dieta en Sydney. Aparte de los inevitables cumpleaños (3 en la primera semana, incluyendo el mío), se celebra el festival Crave Sydney, todo un mes lleno de cosas por ver, hacer y probar. Hay de todo un poco, incluidas exposiciones de arte y un festival latino al que no fuimos, y por supuesto, mucha comida. Las opciones son interminables y todos los días hay potencialmente algo distinto que probar. Lamentablemente, la billetera y el cinturón tienen un límite, así que hay que escoger.

Nos aplicamos la primera dosis calórica el sábado 10. Acudimos al llamado de una oferta llamada "Let´s do brunch", en la cual varios restaurantes ofrecen menús de brunch (desayuno-almuerzo) los fines de semana por $25. Gladys propuso ir a Efendy, un restaurante turco que queda en Balmain (un suburbio del Inner West). Llegamos muertos de hambre a las 12:30 pm, después de una sesión de corte de pelo para Alvaro en casa de Gladys. Al llegar nos ubicaron en el segundo piso y nos explicaron cómo funcionaba la cosa. La oferta incluía un meze (piqueos) para compartir, un plato al escoger, té o café. Rápidamente escogimos un plato cada uno para probar distintas cosas y las bebidas (café turco para Gladys y yo, té de manzana para Alvaro). Tratamos de distraer nuestro apetito mirando la extraña decoración del lugar pero todo esfuerzo fue en vano, los platos de comida que iban dirigidos a otras mesas sólo incrementaban el dolor en la boca del estómago.

Finalmente llegaron las bebidas, era la primera vez que probaba el café turco y me pareció muy rico, aunque la taza muy pequeña. El té de Alvaro estaba buenísimo, vino con una rama de canela adentro, completando así uno de los más clásicos combos de sabores. Por fin llegó el meze: platitos con tomate en aceite de oliva y orégano, pepinillo, aceitunas negras y verdes, queso feta, tajadas de carne de res curada llamada pastirma, pan turco y mermelada de cereza y de fresa. Todo riquísimo (y para nada dietético).

Después llegaron los demás platos que comimos en este orden:
  • Kallavi – 3 huevos fritos, unas salchichas turcas rectangulares con sabor muy parecido a salchichas de Huacho (se llaman sucuk y estamos tratando de buscar dónde comprarlas), champiñones, tomates, pastirma y más pan turco.
  • Kiymali - estofado de cordero molido con tomates, una especie de bolognesa de cordero con más huevos fritos encima.
  • Kaygana – panqueque al estilo del Mar Negro con higos poché, nueces y miel de uvas.

Gladys pidió un té de fresas adicional.

Creo que lo que más me gustó y sorprendió fue la "salchicha de Huacho", seguida por el panqueque que estuvo buenazo. En general fue una experiencia diferente (y abundante) que definitivamente valió la pena probar.

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Wednesday, September 23, 2009

Review: Cafe Cinque, Newtown

La semana pasada Gladys y yo fuimos a un taller de cuidado personal natural en la biblioteca de Newtown. En Australia la gente es mucho mas "verde" que en Sudamérica y hay montones de entidades que organizan talleres y charlas gratuitas como ésta. Nos encontramos frente a la biblioteca después del trabajo y fuimos a comer algo antes de entrar. Mi idea era probar el café Satellite Espresso, que queda a pocos metros de la biblioteca y ha sido muy recomendado por miembros de la sangha. Para mala suerte estaba cerrado (atienden hasta las 4 p.m.), así que caminamos hacia King Street para buscar otro café cercano, de preferencia BBB.

Revisamos los menúes en Citrus, Cinque y Newscaf y decidimos probar el último. Unos segundos después de sentarnos, uno de los mozos se acercó y nos anunció amablemente que la cocina estaba cerrada. Con un café cerrado y otro a punto de cerrar, me pregunté por enésima vez "por qué las tiendas en esta ciudad tienen que cerrar tan temprano?". Por supuesto que sé la respuesta: porque la explotación descarada de los empleados no existe en el primer mundo. Fair enough.

Regresamos a Cinque y volvimos a revisar el menú que nos entregó el amable mozo. En este punto cabe mencionar que la amabilidad no es una virtud que abunde en las personas que prestan servicios, con excepción de ciertos migrantes como los Tailandeses. Gladys pidió una tortilla espanola y un latte (café con leche), yo una ensalada de beterraga asada con lentejas y un chai. Las bebidas llegaron pronto, mi taza era enorme (como las de Friends) y el té estaba bien rico, aunque super calórico (bien dulce y cremoso). Gladys me dijo que su latte estaba normal. La comida llegó unos minutos despues. La tortilla de Gladys estaba rica, tenía chorizo o algún tipo de salchicha. Vino acompañada de pan tostado con mantequilla, lo cual no le gustó a Gladys, quien no es muy partidaria de esta costumbre Australiana de ponerle mantequilla a todo. Mi ensalada estaba más o menos, las lentejas estaban un poco secas y sin mucho sabor. El resto de ingredientes (beterraga asada, cebolla, hojas verdes y yogurt) estaba bien pero la falta de gusto de las lentejas disminuyó el sabor del conjunto.

Habíamos estado chequeando los postres, que se veían mejores que el estándar en Australia, pero la comida estuvo bien taypa y no nos quedó espacio para más.

Los precios fueron los promedio para una comida de café, mi ensalada costó $12 y el té $4.50. El servicio fue bastante bueno. Aún cuando no se trató de una comida memorable, no descartaría volver a Cinque, especialmente para probar los postres.

Cafe Cinque
Dirección: 261 King St Newtown NSW 2042
Teléfono: (02) 9519 3077

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Friday, May 29, 2009

Review: La Casa de Don Cucho

Uno de nuestros últimos almuerzos en Lima, cuando ya había empezado la ola de despedidas que nos dejaron con un porcentaje de grasa elevadísimo, fue con Gloria y Aníbal en La Casa de Don Cucho. Después de la mala experiencia gorgojesca en el Cordano, tal vez con el afán de alejarnos lo más posible del centro de Lima, optamos por este famoso restaurante campestre. Debo confesar que no soy fan de Don Cucho porque no soy fan del comino, pero su local tiene tantos adeptos que me moría de ganas por probarlo.

Aníbal nos advirtió que las porciones eran gigantes, así que pedimos tres platos para los cuatro: chicharrón de cuy en su picante, ají de gallina y huati pachacamina. El chicharrón estaba bien pero la piel no estaba tan crocante, por lo cual se sentía más la grasa. La huatia estaba rica pero un poco pasada de sal. Era primera vez que Alvaro, Gloria y yo probábamos ese plato y creo que no quedó entre nuestros favoritos (en mi caso por la hierbabuena, que me recuerda al cau cau). Finalmente metimos el tenedor en la estrella del día: el ají de gallina. Vino servido en una fuente gigante y estaba absolutamente delicioso. Para beber pedimos chicha, lamentablemente estaba aguada (le habían puesto mucho hielo) y escasa de limón.

No pudimos irnos del lugar sin probar los postres que nos hacían ojitos desde la breve pero precisa carta. Aníbal y Gloria comieron una porción de picarones, Alvaro y yo otra porción más un suspiro de lúcuma. Los picarones eran estándar pero el suspiro sí sobresalió. Tanto que Gloria compró uno para llevarle a Ale, que estaba enferma.

La cuenta no fue para nada exagerada, nos pareció que iba acorde con la buena atención y la calidad y cantidad de la comida.

1 jarra de chicha grande S/. 18
2 picarones S/. 11
1 suspiro pachacamino S/. 11
1 chicharrón de cuy en su picante S/. 37
1 ají de gallina S/. 36
1 huatia pachacamina S/. 36
Total S/. 160

La Casa de Don Cucho
Dirección: Hacienda Casa Blanca - Calle 8, Mz. "R", Lt. 14-A, Pachacamac
Teléfono: 2311415

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Tuesday, May 12, 2009

Review: Bar Cordano

La penúltima vez que salimos a almorzar Gloria, Aníbal, Alvaro y yo, gastamos mucha plata. Pensamos que tal vez era hora de ir a sitios más tradicionales, en pleno centro de Lima, donde se come bien y se paga poco. El lugar elegido fue el archi conocido Bar Cordano, en Ancash con Carabaya.

Fuimos el sábado a la hora de almuerzo. No estaba lleno pero había gente, local y extranjera. Nos habían recomendado el pan con jamón (según dicen el mejor de Lima). Después de una revisada a la carta, bastante criolla y con precios no tan económicos como había imaginado, nos tomaron la orden. Acá cabe detenerse un poco en el mozo, evidentemente alguien que "vino con el local", un señor con bastantes años encima, que no escuchaba bien, tenía las las uñas largas y sucias, y como prueba de la calidad de su servicio, tiró las servilletas y cubiertos en la mesa en lugar de colocarlos con delicadeza. En fin, pedimos un par de panes con jamón del país para probar, una jarra de chicha y los siguientes fondos: tallarines verdes con apanado (yo), cabrito al horno con frejoles (Aníbal), tacu tacu con apanado (Alvaro) y picante de langostinos (Gloria).

El mozo no anotó el pedido, como tantos otros con la experiencia necesaria para no hacerlo, pero tuvo que regresar a confirmar el plato de mi hermana porque, como era de esperarse, su memoria ya no es tan buena como hace décadas.

Los panes con jamón llegaron rápidamente. Estaban ricos pero no espectaculares. Al menos no estaban tan buenos como los del Juanito, el Boliviariano y el Queirolo. Luego llegaron los fondos (cada uno por separado, pero tal vez es mucho pedir en un local así que la cocina mande todos los platos de la comanda juntos). Mi plato estaba rico, tal vez con exceso de aceite en el bisteck pero todo bien de sabor. Igual el de Alvaro. En el costillar de cabrito de Aníbal la poca carne que había estaba dura. El picante de langostinos de Gloria estaba distinto a lo que esperaba, la salsa era bastante más líquida que la de un picante tradicional, pero el sabor estaba bien.

Luego de unos minutos de comer y conversar, vi que Aníbal separaba sus frejoles con el tenedor. Preguntó "qué es esto?" señalando unas cositas negras en su plato. Luego de verlas bien nos dimos cuenta de que eran gorgojos y que no habían dos ni tres sino un montón en los frejoles. Al toque Alvaro revisó su tacu tacu y vimos que también tenía gorgojos. Inmediatamente dejamos de comer, estábamos totalmente asqueados porque todos habíamos probado los frejoles y/o el tacu tacu. Llamamos a un empleado del local y le dijimos que la comida tenía bichos. Tuvimos que repetirlo porque no escuchaba (lo cual debe ser normal cuando todos los que atienden son veteranos) y nos dijo que iba a llamar al mozo. Él tampoco escuchó al comienzo, luego nos dijo "les cambio los platos" sin inmutarse ni pedir disculpas. Obviamente no aceptamos y nos paramos. Fuimos a quejarnos con el administrador del local, quien tampoco reaccionó como gente; no sólo no pidió disculpas sino que quiso cobrarnos los panes con jamón (el mozo quería agregar la chicha). Antes de retirarnos indignados y, por supuesto, sin pagar un centavo, tomé unas fotos de los platos con "proteína extra".

Lástima que muchos de los comensales que estaban en el restaurante en ese momento eran extranjeros y no entendieron nuestra queja (mucho tuvo que ver que los empleados del local no se inmutaran frente a ellas). Por lo pronto los cuatro ya estamos avisando a nuestros allegados que no vayan al Cordano.



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Monday, April 13, 2009

Review: Costanera 700 y La Bodega de la Trattoria

El viernes de semana santa fuimos a almorzar con mi hermana Gloria y su enamorado Aníbal. Nos encontramos en el segundo óvalo de Pardo, originalmente la idea era ir a La Red o El Ancla, pero Aníbal propuso ir a Costanera 700. Pasamos por ahí y ya no estaba el letrero del restaurante. Como además no había carros afuera pensamos que tal vez se habían mudado, así que fuimos a la Red. Lamentablemente estaba cerrado, dimos media vuelta y nos dirigimos a El Ancla. En el camino vimos que La Mar, Mi Causa, Kaypí y 5 Esquinas estaban abiertos, pero la idea era probar algo nuevo. El Ancla también estaba cerrado, por un momento la decisión fue ir a 5 Esquinas (Gloria y Aníbal no lo conocen) pero Aníbal llamó a Costanera y le confirmaron que la dirección seguía siendo la misma. Emprendimos el camino de regreso y efectivamente estaban atendiendo.

Este restaurante es legendario por la cocina nikkei de su dueño Humberto Sato, a quien vimos unos minutos en la barra del lugar. Decidimos pedir varios platos para picar: tiradito Costanera de lenguado y pulpo (con shoyu y aceite de oliva), brocheta de cachete de mero con salsa teriyaki y la famomosísima chita a la sal acompañada de dos porciones de arroz blanco. Para beber Alvaro pidió un refresco de arroz que parecía un arroz con leche líquido, muy rico. Los demás pedimos gaseosas y/o cervezas.

Mientras esperábamos el pedido llegó la cortesía de la casa: pulpo a la chalaca en cucharas orientales. Mientras veíamos pasar varias parrillas y otros platos por la mesa auxiliar de los mozos se nos seguía abriendo el apetito (que ya se había visto acrecentado por la caminata para buscar restaurante). Finalmente llegó el tiradito, estaba buenísimo, el pulpo muy suave y la sazón perfecta. Gloria no quiso comer lenguado, parece que no le gusta el pescado crudo si la proteína no ha sido previamente desnaturalizada por medios cítricos (es decir, "cocinada" con limón). Al cabo de unos minutos y previo cambio de platos y cubiertos llegaron las 2 brochetas de cachete de mero, lo que me sorprendió es que la carta anunciaba salsa teriyaki en las brochetas pero en lugar de eso tenían aderezo anticuchero y venían acompañadas por chimichurri, salsa de rocoto y salsa de ciruela. Igual estuvieron ricas, aunque pequeñas, se acabaron rapidísimo. Finalmente llegó la chita a la sal con toda la parafernalia que la acompaña: viene encendida, después de apagarla el mozo retira la costra de sal con el cuchillo a manera de cincel, luego retira la piel y reparte el pescado en bowls para los comensales. Las salsas que la acompañan son de kión, de ajo y mantequilla derretida. Estuvo rica pero nos pareció poco y caro.

Aún con espacio para el postre, decidimos buscarlo en otro lugar un poco más económico.

La cuenta fue:

Tiradito lenguado S/. 44.00
Teriyaki cachete mero S/. 18.00
Porción arroz (x 2) S/. 10.00
Chita a la sal (x 1.3) S/. 89.70
Gaseosa (x 3) S/. 15.00
Cerveza (x 3) S/. 24.00
Refresco arroz S/. 10.00
Chicha morada (x 2) S/. 10.00
Total S/. 220.70

Salimos por la puerta del malecón y decidimos caminar a Larcomar. La caminata bajo el sol que todavía no se quiere ir pero que no calienta demasiado estuvo muy buena, se sintió como un día de picnic. Larcomar estaba repleto, así que aplicamos el plan B: la bodega de la Trattoria. No era una opción precisamente económica pero de vez en cuando es bueno darse un gusto. Gloria pidió creme brulee con fresas, Alvaro pye de pecanas con helado de canela, Aníbal y yo brownie de chocolate con queso crema y helado (yo de canela, Aníbal de vainilla). Aníbal también pidió un sorbete de mango. Todo estaba rico, me gustó en especial el pye de pecanas y el helado de canela. A la creme brulee le faltó cocción y a Gloria no le gustó el sabor del azúcar caramelizada.

Esta fue la cuenta:

Brownie chocolate (x 2) S/. 30.00
Pye pecana S/. 18.00
Sorbete de mango S/. 10.00
Creme brulee S/. 18.00
Inca Kola S/. 5.00
Jugo naranja S/. 8.00
Jugo tuna S/. 8.00
Total S/. 97.00

Ahora sí, con un profundo sentimiento de gula caminamos hacia Vivanda para comprar unas cuantas cosas y partimos a marmotear a nuestras casas.

Costanera 700
Dirección: Calle Manuel Tovar 179 (Av. Ejército 421), Miraflores
Teléfono: 4214635 - 4217508

La Bodega de la Trattoria
Dirección: Av. Armendariz 299, Miraflores
Teléfono: 4465672

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Thursday, April 09, 2009

Review: Panchita

El sábado fuimos a Panchita. Habíamos entrenado, comido algo ligero e inmaduro (Cerelac y jugo de frutas), ido al dentista e ido a Saga a cancelar mi tarjeta. Eran las 17:00 y hacía hambre. Todo estaba fríamente calculado, a esa hora había sólo unas cuantas mesas ocupadas.

Nos habían advertido de la generosidad del pan de cortesía (ni tan cortesía, porque se paga cubierto), así que pedimos precavidos. Mi señor esposo quiso hacer la gracia de pedir ají de gallina por enésima vez pero no pues, el chiste era pedir la especialidad de la casa. Ordenamos la morcilla Panchita (con puré de manzana), un anticucho de pez espada y un bowl de salad bar.

En la carta hay diversos tipos de entradas, piqueos parrilleros, anticuchos (de corazón, lomo, pollo, salmón, pulpo, etc.), carnes y platos criollos. Los precios son elevados pero el servicio, el sabor y el tamaño los valen.

El salad bar es surtidísimo, muy recomendable. Además de las verduras individuales hay ensaladas preparadas de las cuales sólo me serví un poco de la de quinua. Hay una infinidad de aliños y adiciones interesantes como fruta deshidratada.

Mientras comíamos la ensalada llegaron los panes: dos fugazzas de cebolla bastante grasosas y dos panes de papa (parecían panes de molde en miniatura). Ambos panes estaban ricos, sobre todo el de papa. Venían acompañados con una salsa de ají que no picaba en absoluto y una mantequilla con hierbas que no supe identificar.

No habíamos pedido bebidas, el agua de cortesía fue suficiente.

A los pocos minutos llegó el anticucho de pez espada, 4 grandes trozos intercalados con pimiento y cebolla, acompañados por choclo, papa dorada y dos salsas: una verde de ají y una de rocoto.

Finalmente llegó la morcilla con la que por fin pude comprobar la buena combinación que hace con el puré de manzana.

La comida estuvo buenísima y muy contundente. Aún así, Alvaro quiso postre. Después de un intenso debate entre los picarones y el suspiro, ganaron los primeros. Estuvieron igualmente muy ricos, crocantes y con la miel no tan empalagadora como suele ser.

Cubierto (x 2) S/. 13
Morcilla Panchita S/. 21
Anticucho de pez espada S/. 29
Salad bar S/. 20
Picarones S/. 14
Total S/. 97

Panchita
Dirección: Av. Dos de Mayo 298, Miraflores
Teléfono: 2425957

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Thursday, March 19, 2009

Review: La Paisana

El miércoles fuimos a almorzar a La Paisana con Manuel, Lucy y Karel. Debo confesar que mi expectativa era enorme. Pensé que mi primera visita a esta mítica picantería piurana sería una de las mejores experiencias culinarias de mi vida. En serio.

Fuimos al local que está en la esquina de la cuadra 13 de Libertad, en Magdalena. En la cuadra 14 está el otro local.

Eramos 5, la carta anunciaba fuentes chicas, medianas y grandes, así que escogimos tres fuentes chicas: cebiche de pescado, majarisco y seco de chabelo. Además pedimos jarras de chicha y dos vasos de chicha de jora (Manuel y yo).

La cancha serrana no venía con chifles, me pareció raro porque para mí Piura = chifles.

Lo primero en llegar fue el cebiche. Ahí sí se cumplió la tradición piurana: llegó con un plato adicional de sarandaja y yuca. El pescado era ojo de uva, el cebiche estaba exquisito, al igual que la sarandaja.

Después llegaron las otras dos fuentes. El mozo nos había advertido que los platos eran similares pero no le hicimos caso. Grave error. Realmente fue demasiado plátano majado. El majarisco estaba rico pero he probado mejores. En el seco de chabelo lo malo fue la carne aliñada, estaba incomible, demasiado dura.

No pudimos pedir otro plato porque ya no nos entraba, será para otra ocasión si se da la oportunidad de volver.

La cuenta salió S/. 133.

La Paisana
Dirección: Jr. Libertad cuadra 13 y 1412
Teléfono: 998709714

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Review: Puerto Madero

No! no se trata de la famosa zona de restaurantes de carnes en Buenos Aires, sino de un local de pescados y mariscos en Miraflores. Lo había visto al pasar por ahí y me parece recordar haber leído uno que otro comentario. El hecho es que caímos por ahí hace dos sábados de casualidad, cuando buscábamos qué almorzar cuando eran casi las cuatro de la tarde y tanto Hervé como Rodrigo estaban cerrados.

Había poca gente por la hora. El local es amplio y tiene el toque rústico de toda cebichería. La carta me pareció mal hecha, físicamente hablando. Aparte la mía estaba mojada con un líquido del cual no quise saber su procedencia.

De beber pedimos una malta y una limonada. De entrada pedimos un tiradito al ají amarillo, mi favorito. Estaba rico, no espectacular pero tampoco mediocre. De segundo Alvaro quiso pedir un tacu tacu con mariscos pero yo quería probar algo nuevo. Dentro de la misma línea, optamos por el tacu tacu de lentejas con mariscos al carbón y salsa nikkei. El tacu tacu y los mariscos estaban bien pero la salsa estaba dulcísima. El plato en sí resultó más dulce que una porción de picarones.

No recuerdo cuánto gastamos, estaba dentro del promedio de restaurantes de comida marina en Lima.

Puerto Madero
Dirección: Bellavista 231, Miraflores
Teléfono: 2421873

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Wednesday, March 18, 2009

Review: Pescados Capitales

El sábado fuimos a almorzar a Pescados Capitales (por fin!). Está de más hablar de este sitio, ya tiene harta fama ganada y su dueño sale en TV a cada rato. De modo que no fuimos a la aventura, sino a confirmar los buenos comentarios que recibe este lugar en todos lados.

El local es enorme. Como todos los restaurantes prósperos, empezó con un número de mesas estándar y poco a poco fue creciendo. Llegamos cerca de las 3 p.m. y había una mesa libre, a la que le daba el sol a través del techo rústico de paja. La anfitriona nos sugirió esperar por una mesa en la sombra pero decidimos que un poco de sol no sería molestia. Rápida y amablemente nos dieron la bienvenida y la carta. A Alvaro le jaló el ojo la primera página, en la que aparecen las "noticias" o novedades recomendadas. Mientras escogíamos los platos pedimos una jarra de chicha chica (1.3 litros) y comimos la canchita de ley.

La carta del restaurante, que está en su página web, es divertidísima. Los nombres y descripciones de los platos hacen alusión a los pecados capitales y sus correspondientes virtudes. Los individuales de papel también entran en el juego, en cada uno se presenta la definición y una cita relacionada con uno de los siete pecados.

La entrada elegida fue el cebiche Gandhi: bonito, langostinos, calamares, champiñones, duraznos y mandarinas con curry y chutney de mango aderezando el juguito cebichero, más los clásicos acompañantes (cebolla, choclo desgranado, camote glaseado). A mí me encantó, a Alvaro no le gustó mucho la presencia del culantro.

De fondo Alvaro escogió atún en salsa de ají de gallina. Tres medallones de pescado con salsa encima (poca salsa, que estaba deliciosa), huevo duro a la milanesa, aceituna negra y un buen trozo de pastel de papa con poro y tocino. El plato estuvo buenísimo pero el comentario de Alvaro fue atinado: el pastel debió haber sido más chico y simple y la salsa más abundante.

El mozo nos ofreció postre pero ya no podíamos más, pagamos la cuenta y nos fuimos caminando hasta Vivanda de Benavides.

El detalle de la cuenta fue:
1 jarra chicha chica 16.00
1 cebiche Gandhi 33.00
1 atún en salsa de ají de gallina 38.00
1 Zenda personal 8.00
Total S/. 95.00

Pescados Capitales
Dirección: Av. La Mar 1337, Miraflores
Teléfono: 4218808

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Wednesday, February 18, 2009

Review: Chala

Ayer fue nuestro segundo aniversario de matrimonio. A pesar de estar convalescientes de una fuerte gripe que nos tumbó a los dos (que quede registrado que él me contagió a mí) y de estar saliendo tarde de la chamba, decidimos celebrar con una cena. El lugar elegido fue Chala, cuyo chef fue mi profesor en la escuela de cocina. Desde que supe de la existencia del restaurante y vi su propuesta en internet se me hizo agua la boca.

Llegamos al lugar, tiene el típico ambiente lounge moderno y casual. El aire acondicionado estaba un poco frío para nosotros cuando llegamos pero las calorías de la comida lo compensaron. Uno de los pocos puntos flojos que encontré fue la cojera de la mesa que nos asignaron. Los mozos son super atentos, están siempre pendientes de ofrecer las cartas en los momentos adecuados y retirar los platos cuando están vacíos. El servicio de cocina es buenísimo, la comida caliente sale realmente caliente, incluso los chifles y el pan de cortesía.

Para ir en orden, lo primero fue ordenar las bebidas. Debido al resfrío pedimos una copa de malbec Los Haroldos (yo) y un anís (Alvaro). El único strike del mozo fue cuando le pedí las opciones de vino por copas y me dijo que Los Haroldos era una bodega chilena. El anís de Alvaro estaba muy rico, definitivamente no era una bolsita de Horniman's. La primera cortesía son chifles riquísimos, delgaditos como los piuranos y recién fritos. Luego ordenamos los platos: de entrada junquitos de pato confitado para compartir, de fondo ají de gallina de la casa para Alvaro y mero Chabuca para mí. Tuvimos refill de chifles y pancito en rodajas calientito con aceite de oliva y reducción de balsámico para remojar.

Luego de una corta espera llegó la entrada en un plato rectangular. Eran 3 cigarritos de masa phyllo rellenos de pato confitado sobre puré de pallares verdes y reducción de naranja. En una palabra esspectaculares. Otra corta espera antecedió la llegada de los fondos, ambos servidos en plato de pasta. El ají de gallina estaba delicioso, venía con pastel de papa, tocino, huevos de codorniz y reducción de balsámico. El mero también riquísimo, aunque hubiera preferido que no sirvan la parte de la piel, que fue difícil de separar de la carne con cuchillo de pescado. Venía acompañado de rissoto al azafrán con champiñones, berros, pasas, pecanas y coulis de cacao.

No había mucho espacio para el postre pero el antojo pudo más. Pedimos un dulce rimense: canelones de mazamorra morada rellenos de arroz con leche con espuma de membrillo, sabores conocidos en un postre original.

La cuenta fue elevada como esperaba pero definitivamente valió la pena, espero regresar pronto.

Vino por copa Los Haroldos S/. 20.00
Infusión S/. 4.00
Cubierto (x 2) S/. 20.00
Junquitos pato confitado S/. 24.00
Ají de gallina S/. 32.00
Mero Chabuca S/. 64.00
Dulce rimense S/. 22.00
Total S/. 186

Restaurante Lounge Chala
Dirección: Bajada de Baños 343, Barranco
Teléfono: 2528515

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