Sunday, September 26, 2010

Empanadas

Últimamente hubo una conspiración contra mi buena voluntad de comer sanamente. Durante las últimas semanas, varias personas han mencionado la palabra "empanadas" en mi presencia, lo cual ha avivado mi antojo por comerlas.

Sé que en Sydney hay algunos lugares donde se pueden conseguir empanadas de distintas nacionalidades. En Tierras Latinas venden chilenas y uruguayas pero la verdad no me gustó la que probé. Hay una pastelería argentina más o menos cerca de mi casa que se llama Café Bariloche donde venden empanadas. Más cerca de mi casa hay un café maltés donde venden pastizzis (unos pasteles de masa hojaldre con rellenos salados y dulces) y uno de los rellenos se llama empanada. Me han dicho que en una panadería-pastelería chilena que queda en el mismo suburbio que Tierras Latinas y se llama La Paula venden unas buenas empanadas (el dato me lo pasó una peruana que lo escuchó de una mesera argentina).

En resumen, los lugares para comer empanadas acá son escasos pero hay. Sin embargo, para mí nada se compara con una empanada de Wilton's (o de Wong o de Vivanda o de esa pastelería que queda en Wilson por el Centro Cívico) con su vaso de chicha.

Hace años que no preparaba empanadas así que decidí que era hora de probar. Hice un relleno básico con regular aceite de oliva, cebolla blanca (que acá se llama marrón), ají mirasol en polvo, carne molida de res (orgánica y baja en grasa), sal, pimienta, pasas y aceitunas kalamata.

El verdadero reto para mí es lograr la masa perfecta, es decir, exactamente igual a la de las panaderías de Lima. Hasta ahora no lo he logrado. Decidí probar la proporción 3-2-1 de Michael Ruhlman para masa de tarta (3 partes de harina, 2 de grasa y 1 de agua helada) con manteca animal. Ruhlman menciona en su libro (Ratio, muy bueno) que esta receta hace una muy buena masa de empanada. Quedó un poco más pegajosa que con mantequilla o margarina pero manejable.

Estos fueron los pasos que seguí:

  1. Hice el relleno (según la explicación líneas arriba) y lo dejé enfriar, primero en la sartén y luego en la refri.


  2. Step 1: empanada filling



  3. Luego tomé una porción de masa (estaba planeando ser profesional y pesar las porciones pero me dio flojera) e hice una bola con ella.


  4. Step 2: dough ball



  5. Luego aplasté la bola de masa con mi mano encima de una tabla de picar forrada con papel film.


  6. Step 3: flattened dough ball



  7. Luego puse una capa adicional de papel film sobre la masa y la estiré con un rodillo.


  8. Step 4: rolled dough ball



  9. Luego coloqué una cucharada del relleno y un pedazo de huevo duro en el medio de la masa.


  10. Step 5: filling on rolled dough



  11. Luego hice el repulgo (ya lo sé, me falta práctica).


  12. Step 6: closed empanada



  13. Finalmente horneé unas cuantas para la cena (congelé el resto y las comimos con nuestros amigos budistas el domingo pasado).


  14. Step 7: baked empanadas





Siguiendo la tradición limeña, les puse un poco de azúcar impalpable encima (supongo que es para diferenciar las de carne y las de pollo).

En cuanto a la masa, no quedé muy contenta con ella. Tenía un olor fuerte a chancho mientras se horneaba, lo cual puede resultar apetecible para algunos pero no para mí. Una vez horneada quedó con una textura similiar a la masa hojaldre, pero resultó muy grasosa para mi gusto.

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Tuesday, May 11, 2010

Viaje a Lima (18 Abril 2010)

El domingo era el día de la reunión familiar, lo cual significa harta comida. Como precaución, mi desayuno fue medio light: un jugo de papaya y plátano y un poco de quinua. Ese día no fui al gimnasio.

Para el almuerzo les había pedido a mis tías que compren chifa. Desde que tengo uso de razón mis tías han comprado en el mismo lugar, el Chifa Canadá (queda en la parte de Santa Catalina de la Av. Canadá), un restaurante que ha mantenido su sazón a lo largo de los años. Mis indicaciones habían sido comprar arroz chaufa, kam lu wantán, tallarín saltado y pollo enrollado con espárragos y si ellas querían algo más, pero cuidando de no excederse con la cantidad. Como siempre sucede en mi familia, hubo comida de sobra porque además compraron chi jau kay y pollo trozado de la casa. Todo por supuesto acompañado por el infaltable nabo encurtido.

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Acompañamos la comida con un zinfandel rosé californiano que elegí en lugar de un más apropiado riesling porque pensé que sería más fácil de tomar para una familia que no consume mucho vino. El postre fue la crema volteada que había preparado el día anterior, también para complacer paladares, en especial los de mi hermana y mi sobrina. Para mí la crema volteada es uno de esos postres que como si están ahí, pero que nunca escogería si hubieran otras opciones. Otros postres que caen en esta categoría son el pie de limón, el pionono y el milhojas.

La tarde transcurrió como es costumbre en nuestras reuniones familiares: conversando largo y tendido y preparándonos para el lonche, el cual reemplaza a la cena en esos domingos especiales. También había hecho mi pedido para el lonche: tamalitos verdes, tamales criollos, humitas de pollo, empanadas de carne y humitas dulces. Especifiqué comprar un par de cada uno para partir pedazos pequeños y comer un poco de todo, pero una vez más me ignoraron y compraron kilos de comida. Además había pan de yema, pan integral y pan francés. Habría sido fácil llegar al empacho pero me detuve en un pedazo de cada cosa (bueno, en el caso de la humita dulce fueron dos).

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Nos quedamos conversando unas horas más, hasta aproximadamente las 8:30 pm. Después me despedí y fui a la casa de mis papás para empezar la difícil tarea de revisar las cajas con mis pertenencias y separar las cosas que traería de vuelta a Sydney.

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