sábado, mayo 30, 2009

Viaje a Sydney (Qantas, no te vayas)

Finalmente llegó el día de partir. Los últimos 26 días se fueron volando a pesar de que ya no estuve chambeando. No terminamos de hacer lo que habíamos planeado (comer en ciertos sitios, despedirnos de ciertas personas, embalar las cosas que no pudimos llevar en el avión, etc.). Perdimos la cuenta de las despedidas que tuvimos y los kilos que ganamos y cuando menos lo pensábamos ya estábamos en el aeropuerto con nuestras familias esperando el momento de embarcar.

Los dos tramos del vuelo fueron puntuales y sin contratiempos.

Vuelo Lima - Buenos Aires

El avión, como todos los que vuelan distancias cortas, no era tan cómodo pero sí más o menos nuevo, por lo cual tenía las pantallas individuales en buen estado. El snack que nos sirvieron constó de:
- piña y melón
- sandwich caliente de jamón, queso y tomate
- bebidas

Llegamos a Buenos Aires a las 7 y pico de la mañana (hora local). Las salas de embarque estaban desiertas, caminamos un poco para ver cuáles eran nuestras opciones en las 7 horas de escala que teníamos por delante. Encontramos una sala VIP en la puerta de embarque 2, costaba US$ 15 por cada 2 horas e incluía bebidas, desayuno, internet y sillones no tan cómodos como los de Santiago. Decidimos que no valía la pena, así que dormimos en las sillas de la puerta 2, que no tenían brazos entre ellas y estaban bien acolchadas.

A las 9 a.m. nos despertamos, la puerta de embarque ya estaba casi llena de gente. Fuimos a AirCoffee a tomar desayuno:
- sandwich de milanesa de peceto con tomate, lechuga y huevo duro picado
- tarta de manzana
- té con leche (Alvaro)
- agua (yo)

La comida estuvo más o menos, el precio elevado como toda comida de aeropuerto, pero no quedaba otra. Nos sentamos en otra puerta de embarque en la hilera de sillas con vista a la pista de aterrizaje. Ahí pasamos el resto del tiempo cabeceando, leyendo, mirando los aviones, paseando por el duty free, durmiendo. A las 12 m. nos despertamos por completo, comí unas almendras y fuimos a nuestra puerta de embarque.

Vuelo Buenos Aires - Sydney

Teníamos un poco de incertidumbre con respecto al segundo tramo del vuelo. Las noticias dicen que Qantas está por quebrar, que los vuelos se atrasan por las huelgas, que los aviones no reciben el mantenimiento adecuado y por eso se caen o se parten en pleno vuelo. Sin embargo nuestra experiencia fue distinta: todo puntual, el personal super amable, el avión nuevo y comodísimo.

Estábamos sentados en el medio y pasillo de una fila de tres. La chica de la ventana encontró sitio junto con sus amigas porque el vuelo no iba lleno, así que nos quedamos con los tres asientos.

Luego del despegue nos repartieron un pequeño neceser con medias para andar en el avión, mini cepillo y pasta de dientes y cobertor de ojos para dormir. También nos dieron un folleto con el plan de alimentación durante el vuelo, con línea de tiempo y todo.

Después de una breve cabeceada llegó el almuerzo:
- ensalada de tomate, pepino y lechuga, vinagreta francesa (sin sal)
- lomito con salsa aromatizada al tomillo y puré de papas, zanahoria y vainita (Alvaro)
- ravioles de zapallo con salsa de tomate y queso parmesano (yo)
- queso untable
- galletas saladas
- pan
- mantequilla
- agua
- café (yo)
- té (Alvaro)
- shiraz australiano (yo)

Después de un rato de ver películas, escuchar música, leer y cabecear me tomé otro vino y un poco de agua. También había snacks para los que pedían pero todavía no teníamos hambre.

Pasó otro rato y unos dieron helado de chocolate con cobertura de chocolate blanco.

Más tarde nos dieron una bolsita con:
- galletas saladas con sabor a queso parmesano
- cereal mix
- alfajor de chocolate
- botellita de agua
- 3 caramelos de menta

El siguiente golpe calórico fue líquido:
- chocolate caliente (yo)
- té de menta (yo)

Finalmente, como hora y media antes de aterrizar nos sirvieron la última comida:
- ensalada
- pollo en salsa de mantequilla con arroz y vegetales
- pan
- mantequilla
- crumble de manzana con crema
- agua
- vino blanco (yo)
- té (Alvaro)

Llegamos a Sydney a la hora prevista, mucho más descansados que las dos veces anteriores (ida y vuelta el año pasado). Había poca gente en migraciones y en el recojo de maletas. Alvaro estaba listo para declarar la comida, medicinas y malas que llevábamos pero nadie le hizo caso y pasamos sin que nos abrieran las maletas... ¡cuántas cosas podríamos haber traído de haberlo sabido!

Gladys nos estaba esperando con flores y un globo que dice "welcome home". Fue mostro volver a encontrarnos y empezar a sentirnos en casa. Tomamos un taxi al centro budista, pese a la poca caña del conductor llegamos bien. Andre nos ayudó a subir las maletas al cuarto de Gary, donde nos estaremos quedando hasta el 10 de junio. Luego de un necesario duchazo salimos con Gladys a tomar una sopita en Simply Noodles. Después nos despedimos, fuimos al centro, estuvimos un rato con la gente que había ido a la meditación y subimos a descansar, por fin, en una cama.

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viernes, mayo 29, 2009

Review: La Casa de Don Cucho

Uno de nuestros últimos almuerzos en Lima, cuando ya había empezado la ola de despedidas que nos dejaron con un porcentaje de grasa elevadísimo, fue con Gloria y Aníbal en La Casa de Don Cucho. Después de la mala experiencia gorgojesca en el Cordano, tal vez con el afán de alejarnos lo más posible del centro de Lima, optamos por este famoso restaurante campestre. Debo confesar que no soy fan de Don Cucho porque no soy fan del comino, pero su local tiene tantos adeptos que me moría de ganas por probarlo.

Aníbal nos advirtió que las porciones eran gigantes, así que pedimos tres platos para los cuatro: chicharrón de cuy en su picante, ají de gallina y huati pachacamina. El chicharrón estaba bien pero la piel no estaba tan crocante, por lo cual se sentía más la grasa. La huatia estaba rica pero un poco pasada de sal. Era primera vez que Alvaro, Gloria y yo probábamos ese plato y creo que no quedó entre nuestros favoritos (en mi caso por la hierbabuena, que me recuerda al cau cau). Finalmente metimos el tenedor en la estrella del día: el ají de gallina. Vino servido en una fuente gigante y estaba absolutamente delicioso. Para beber pedimos chicha, lamentablemente estaba aguada (le habían puesto mucho hielo) y escasa de limón.

No pudimos irnos del lugar sin probar los postres que nos hacían ojitos desde la breve pero precisa carta. Aníbal y Gloria comieron una porción de picarones, Alvaro y yo otra porción más un suspiro de lúcuma. Los picarones eran estándar pero el suspiro sí sobresalió. Tanto que Gloria compró uno para llevarle a Ale, que estaba enferma.

La cuenta no fue para nada exagerada, nos pareció que iba acorde con la buena atención y la calidad y cantidad de la comida.

1 jarra de chicha grande S/. 18
2 picarones S/. 11
1 suspiro pachacamino S/. 11
1 chicharrón de cuy en su picante S/. 37
1 ají de gallina S/. 36
1 huatia pachacamina S/. 36
Total S/. 160

La Casa de Don Cucho
Dirección: Hacienda Casa Blanca - Calle 8, Mz. "R", Lt. 14-A, Pachacamac
Teléfono: 2311415

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martes, mayo 12, 2009

Review: Bar Cordano

La penúltima vez que salimos a almorzar Gloria, Aníbal, Alvaro y yo, gastamos mucha plata. Pensamos que tal vez era hora de ir a sitios más tradicionales, en pleno centro de Lima, donde se come bien y se paga poco. El lugar elegido fue el archi conocido Bar Cordano, en Ancash con Carabaya.

Fuimos el sábado a la hora de almuerzo. No estaba lleno pero había gente, local y extranjera. Nos habían recomendado el pan con jamón (según dicen el mejor de Lima). Después de una revisada a la carta, bastante criolla y con precios no tan económicos como había imaginado, nos tomaron la orden. Acá cabe detenerse un poco en el mozo, evidentemente alguien que "vino con el local", un señor con bastantes años encima, que no escuchaba bien, tenía las las uñas largas y sucias, y como prueba de la calidad de su servicio, tiró las servilletas y cubiertos en la mesa en lugar de colocarlos con delicadeza. En fin, pedimos un par de panes con jamón del país para probar, una jarra de chicha y los siguientes fondos: tallarines verdes con apanado (yo), cabrito al horno con frejoles (Aníbal), tacu tacu con apanado (Alvaro) y picante de langostinos (Gloria).

El mozo no anotó el pedido, como tantos otros con la experiencia necesaria para no hacerlo, pero tuvo que regresar a confirmar el plato de mi hermana porque, como era de esperarse, su memoria ya no es tan buena como hace décadas.

Los panes con jamón llegaron rápidamente. Estaban ricos pero no espectaculares. Al menos no estaban tan buenos como los del Juanito, el Boliviariano y el Queirolo. Luego llegaron los fondos (cada uno por separado, pero tal vez es mucho pedir en un local así que la cocina mande todos los platos de la comanda juntos). Mi plato estaba rico, tal vez con exceso de aceite en el bisteck pero todo bien de sabor. Igual el de Alvaro. En el costillar de cabrito de Aníbal la poca carne que había estaba dura. El picante de langostinos de Gloria estaba distinto a lo que esperaba, la salsa era bastante más líquida que la de un picante tradicional, pero el sabor estaba bien.

Luego de unos minutos de comer y conversar, vi que Aníbal separaba sus frejoles con el tenedor. Preguntó "qué es esto?" señalando unas cositas negras en su plato. Luego de verlas bien nos dimos cuenta de que eran gorgojos y que no habían dos ni tres sino un montón en los frejoles. Al toque Alvaro revisó su tacu tacu y vimos que también tenía gorgojos. Inmediatamente dejamos de comer, estábamos totalmente asqueados porque todos habíamos probado los frejoles y/o el tacu tacu. Llamamos a un empleado del local y le dijimos que la comida tenía bichos. Tuvimos que repetirlo porque no escuchaba (lo cual debe ser normal cuando todos los que atienden son veteranos) y nos dijo que iba a llamar al mozo. Él tampoco escuchó al comienzo, luego nos dijo "les cambio los platos" sin inmutarse ni pedir disculpas. Obviamente no aceptamos y nos paramos. Fuimos a quejarnos con el administrador del local, quien tampoco reaccionó como gente; no sólo no pidió disculpas sino que quiso cobrarnos los panes con jamón (el mozo quería agregar la chicha). Antes de retirarnos indignados y, por supuesto, sin pagar un centavo, tomé unas fotos de los platos con "proteína extra".

Lástima que muchos de los comensales que estaban en el restaurante en ese momento eran extranjeros y no entendieron nuestra queja (mucho tuvo que ver que los empleados del local no se inmutaran frente a ellas). Por lo pronto los cuatro ya estamos avisando a nuestros allegados que no vayan al Cordano.



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lunes, mayo 11, 2009

Trekking de despedida

Habíamos preparado un trekking como nuestra despedida del Perú para el fin de semana largo del 1 de mayo. El plan original era salir viernes y sábado para descansar el domingo pero finalmente quedamos en salir el sábado y regresar el domingo. Revisamos varias rutas en internet y se decidió (intentar) ir a la Meseta de Quincheycocha, en San Mateo de Otao (Huarochirí).

La idea era partir temprano (tipo 07:00) de la casa, pero Suemi y Polaco trabajan los viernes en la noche, así que acordamos partir aproximadamente a las 08:00. Rodrigo y Vanessa llegaron a esa hora y nos contaron que la cocina no encendía. Pensamos que podía ser por la falta de combustible, así que echamos más bencina en el balón pero nada. Rodrigo desarmó parte del mecanismo para tratar de limpiarlo, después de un buen rato de mantenimiento improvisado, prendió.

Alvaro y Polaco fueron a buscar taxis pero nadie quería ir al Ovalo Santa Anita, así que siendo las 09:00 partimos con nuestras mochilas a tomar taxis en Benavides. A las 09:20 llegamos al óvalo y tomamos dos colectivos a Chosica. Aproximadamente a las 10:10 llegamos al parque Echenique; en el paradero de combis y coasters que queda frente al parque había una combi con destino Canchacalla. La combi arrancó a las 10:30, en una hora llegó a Tapicara, nuestro paradero final. Ahí empezamos a caminar por la pista afirmada con destino a Santa Cruz de Ucros, donde realmente se inicia la ruta. En el camino comieron una chirimoya madura que había caído de uno de los muchos árboles que están a ambos lados del camino (yo no comí porque no me gustan las chirimoyas ni las guanábanas). Esta primera parte, siendo objetivos, era pan comido. Sin embargo, las 2 semanas de diarrea de Alvaro, la falta de sueño y de experiencia de Suemi y Polaco y mi tendinitis en las rodillas y dolor en el psoas derecho, hicieron que pensemos en desertar.

Llegamos a Ucros a las 13:10. Nos sentamos un rato a descansar y comer algo (panes con queso, galletas). Lo que seguía eran 2 horas de caminata hasta un lugar plano y quién sabe cuántas horas más hasta la famosa meseta, donde normalmente se acampa. Decidimos subir las 2 horas y acampar en el primer punto.

Durante la subida nos preguntábamos constantemente si queríamos seguir o no. Nadie quería ser el culpable de que todos volvamos, así que continuamos hasta llegar al primer lugar plano. Eran entre las 15:00 y las 16:00. Armamos las carpas, Rodrigo y Vanessa recogieron un poco de agua y le echaron pastillas desinfectantes. La tarde empezaba a enfriar; Polaco juntó ramas para hacer una fogata, luego meditamos un rato, cenamos y nos acostamos tempranísimo.

En la noche dormimos regular, como siempre que acampamos. Lo bueno es que no hizo mucho frío, ya que estábamos 2700 m.s.n.m. Despertamos a las 06:40, nos lavamos la cara con agua helada y tomamos desayuno. Después de desarmar el campamento, Rodrigo y Vanessa fueron a un poblado cercano para averiguar las posibilidades de retorno. La primera era la ruta oficial: subir hasta la meseta y descender desde ahí hasta Songos. La segunda era volver sobre nuestros pasos. Rodrigo y Vanessa escogieron la primera y los demás la segunda, y luego de la foto de despedida partimos los dos grupos a las 09:30.


Llegamos a las 10:30 a Ucros, compramos plátanos en una bodega y descansamos unos minutos. A las 10:45 partimos nuevamente por la pista afirmada, llegamos a las 12:00 a Tapicara en donde nos informaron que debíamos bajar un poco más para esperar la movilidad de regreso a Chosica.

A las 12:30 llegamos al paradero en la bifurcación entre San Juan de Lanca y Tapicara. Vimos como subían combis, coasters, station wagons y escarabajos VW con dirección a San Juan de Lanca y ninguno regresaba. Los pobladores nos explicaron la razón: el fútbol dominical. Decidimos esperar un poco más porque supuestamente una combi debía pasar por ahí entre las 13:00 y 13:30. Esperamos hasta las 14:15, era probable que ningún carro bajara antes del fin de los 5 partidos (a las 18:00 aproximadamente), así que emprendimos el retorno a pie. Habían pasado 15 o 20 minutos y escuchamos un claxon: era una de las coasters que ya iba de regreso a la ciudad.

A las 15:30 llegamos a Chosica, como ya se nos hizo costumbre a Alvaro y a mí, fuimos a almorzar a Don Alberto. Luego tomamos un taxi que nos trajo directamente a la casa.

Vimos que el carro de Vanessa ya no estaba en la cochera, aún cuando habían seguido la ruta "larga" de regreso, llegaron antes que nosotros. Después nos contaron que la subida a la meseta había sido rápida y fácil pero el descenso, terrible, super empinado.

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lunes, abril 13, 2009

Review: Costanera 700 y La Bodega de la Trattoria

El viernes de semana santa fuimos a almorzar con mi hermana Gloria y su enamorado Aníbal. Nos encontramos en el segundo óvalo de Pardo, originalmente la idea era ir a La Red o El Ancla, pero Aníbal propuso ir a Costanera 700. Pasamos por ahí y ya no estaba el letrero del restaurante. Como además no había carros afuera pensamos que tal vez se habían mudado, así que fuimos a la Red. Lamentablemente estaba cerrado, dimos media vuelta y nos dirigimos a El Ancla. En el camino vimos que La Mar, Mi Causa, Kaypí y 5 Esquinas estaban abiertos, pero la idea era probar algo nuevo. El Ancla también estaba cerrado, por un momento la decisión fue ir a 5 Esquinas (Gloria y Aníbal no lo conocen) pero Aníbal llamó a Costanera y le confirmaron que la dirección seguía siendo la misma. Emprendimos el camino de regreso y efectivamente estaban atendiendo.

Este restaurante es legendario por la cocina nikkei de su dueño Humberto Sato, a quien vimos unos minutos en la barra del lugar. Decidimos pedir varios platos para picar: tiradito Costanera de lenguado y pulpo (con shoyu y aceite de oliva), brocheta de cachete de mero con salsa teriyaki y la famomosísima chita a la sal acompañada de dos porciones de arroz blanco. Para beber Alvaro pidió un refresco de arroz que parecía un arroz con leche líquido, muy rico. Los demás pedimos gaseosas y/o cervezas.

Mientras esperábamos el pedido llegó la cortesía de la casa: pulpo a la chalaca en cucharas orientales. Mientras veíamos pasar varias parrillas y otros platos por la mesa auxiliar de los mozos se nos seguía abriendo el apetito (que ya se había visto acrecentado por la caminata para buscar restaurante). Finalmente llegó el tiradito, estaba buenísimo, el pulpo muy suave y la sazón perfecta. Gloria no quiso comer lenguado, parece que no le gusta el pescado crudo si la proteína no ha sido previamente desnaturalizada por medios cítricos (es decir, "cocinada" con limón). Al cabo de unos minutos y previo cambio de platos y cubiertos llegaron las 2 brochetas de cachete de mero, lo que me sorprendió es que la carta anunciaba salsa teriyaki en las brochetas pero en lugar de eso tenían aderezo anticuchero y venían acompañadas por chimichurri, salsa de rocoto y salsa de ciruela. Igual estuvieron ricas, aunque pequeñas, se acabaron rapidísimo. Finalmente llegó la chita a la sal con toda la parafernalia que la acompaña: viene encendida, después de apagarla el mozo retira la costra de sal con el cuchillo a manera de cincel, luego retira la piel y reparte el pescado en bowls para los comensales. Las salsas que la acompañan son de kión, de ajo y mantequilla derretida. Estuvo rica pero nos pareció poco y caro.

Aún con espacio para el postre, decidimos buscarlo en otro lugar un poco más económico.

La cuenta fue:

Tiradito lenguado S/. 44.00
Teriyaki cachete mero S/. 18.00
Porción arroz (x 2) S/. 10.00
Chita a la sal (x 1.3) S/. 89.70
Gaseosa (x 3) S/. 15.00
Cerveza (x 3) S/. 24.00
Refresco arroz S/. 10.00
Chicha morada (x 2) S/. 10.00
Total S/. 220.70

Salimos por la puerta del malecón y decidimos caminar a Larcomar. La caminata bajo el sol que todavía no se quiere ir pero que no calienta demasiado estuvo muy buena, se sintió como un día de picnic. Larcomar estaba repleto, así que aplicamos el plan B: la bodega de la Trattoria. No era una opción precisamente económica pero de vez en cuando es bueno darse un gusto. Gloria pidió creme brulee con fresas, Alvaro pye de pecanas con helado de canela, Aníbal y yo brownie de chocolate con queso crema y helado (yo de canela, Aníbal de vainilla). Aníbal también pidió un sorbete de mango. Todo estaba rico, me gustó en especial el pye de pecanas y el helado de canela. A la creme brulee le faltó cocción y a Gloria no le gustó el sabor del azúcar caramelizada.

Esta fue la cuenta:

Brownie chocolate (x 2) S/. 30.00
Pye pecana S/. 18.00
Sorbete de mango S/. 10.00
Creme brulee S/. 18.00
Inca Kola S/. 5.00
Jugo naranja S/. 8.00
Jugo tuna S/. 8.00
Total S/. 97.00

Ahora sí, con un profundo sentimiento de gula caminamos hacia Vivanda para comprar unas cuantas cosas y partimos a marmotear a nuestras casas.

Costanera 700
Dirección: Calle Manuel Tovar 179 (Av. Ejército 421), Miraflores
Teléfono: 4214635 - 4217508

La Bodega de la Trattoria
Dirección: Av. Armendariz 299, Miraflores
Teléfono: 4465672

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jueves, abril 09, 2009

Review: Panchita

El sábado fuimos a Panchita. Habíamos entrenado, comido algo ligero e inmaduro (Cerelac y jugo de frutas), ido al dentista e ido a Saga a cancelar mi tarjeta. Eran las 17:00 y hacía hambre. Todo estaba fríamente calculado, a esa hora había sólo unas cuantas mesas ocupadas.

Nos habían advertido de la generosidad del pan de cortesía (ni tan cortesía, porque se paga cubierto), así que pedimos precavidos. Mi señor esposo quiso hacer la gracia de pedir ají de gallina por enésima vez pero no pues, el chiste era pedir la especialidad de la casa. Ordenamos la morcilla Panchita (con puré de manzana), un anticucho de pez espada y un bowl de salad bar.

En la carta hay diversos tipos de entradas, piqueos parrilleros, anticuchos (de corazón, lomo, pollo, salmón, pulpo, etc.), carnes y platos criollos. Los precios son elevados pero el servicio, el sabor y el tamaño los valen.

El salad bar es surtidísimo, muy recomendable. Además de las verduras individuales hay ensaladas preparadas de las cuales sólo me serví un poco de la de quinua. Hay una infinidad de aliños y adiciones interesantes como fruta deshidratada.

Mientras comíamos la ensalada llegaron los panes: dos fugazzas de cebolla bastante grasosas y dos panes de papa (parecían panes de molde en miniatura). Ambos panes estaban ricos, sobre todo el de papa. Venían acompañados con una salsa de ají que no picaba en absoluto y una mantequilla con hierbas que no supe identificar.

No habíamos pedido bebidas, el agua de cortesía fue suficiente.

A los pocos minutos llegó el anticucho de pez espada, 4 grandes trozos intercalados con pimiento y cebolla, acompañados por choclo, papa dorada y dos salsas: una verde de ají y una de rocoto.

Finalmente llegó la morcilla con la que por fin pude comprobar la buena combinación que hace con el puré de manzana.

La comida estuvo buenísima y muy contundente. Aún así, Alvaro quiso postre. Después de un intenso debate entre los picarones y el suspiro, ganaron los primeros. Estuvieron igualmente muy ricos, crocantes y con la miel no tan empalagadora como suele ser.

Cubierto (x 2) S/. 13
Morcilla Panchita S/. 21
Anticucho de pez espada S/. 29
Salad bar S/. 20
Picarones S/. 14
Total S/. 97

Panchita
Dirección: Av. Dos de Mayo 298, Miraflores
Teléfono: 2425957

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lunes, abril 06, 2009

Up the irons

No tenía idea de qué escribir acerca del concierto de Maiden en Lima. Tal vez si hubiera sido la primera vez que los veía me habría afanado en registrar horas exactas y el setlist sin errores. Pero ya pasé por eso hace 5 años en Santiago de Chile. Fue la primera vez que veía a una banda tan importante para mí (aquella que me llevó al metal cuando tenía 9 años) y fue impresionante, a pesar de que estaba sola, a pesar de que estaba más atrás de la mitad de la cancha y a pesar de que era la gira del Dance of Death y, por lo tanto, no hubo tantos temas viejos.

La segunda vez que los vi fue el año pasado y fue toda una odisea. Para empezar que no habría ido si es que la fecha del show hubiera estado más alejada de la de los conciertos de Dream Theater. Sin embargo ya estábamos ahí y la mancha completa iba a verlos, así que viajamos en subte hasta una estación en un lugar totalmente desconocido, caminamos unas buenas cuadras hasta el estadio, hicimos otras buenas cuadras de cola durante varias horas, entramos apretujados aún estando en la última fila de ese estadio minúsculo y no vimos nada. Claro que escuchamos los temas, todos antiguos y casi todos de nuestro agrado. A la salida vino lo "bueno": una caminata de más de 30 cuadras intentando parar algún taxi que nos llevara al centro de Buenos Aires.

Esta vez fue diferente, notablemente mejor en todo sentido. Compramos las entradas como a las 3 horas de haber salido a la venta (salieron a la venta a las 11:58 p.m., el servidor colapsó, el teléfono nunca estaba desocupado, pero finalmente logramos comprarlas). Por supuesto, las entradas fueron en la zona The Trooper, en la cancha, directamente frente al escenario.

Pasaron los meses y llegó el 26 de marzo, el día del concierto. Mucha gente afanosísima acampó desde la noche anterior en las afueras del Estadio Nacional. Yo había pedido la tarde libre, y fue más que suficiente. Fui con Alvaro a almorzar a Coco de Mer. Ahí nos encontramos con JP, Lucy y Karel. Estuvimos conversando tranquilos. A eso de las 3 nos fuimos al centro para cambiarnos e ir al baño y salimos rumbo al estadio. El tráfico estaba pesado en la Via Expresa, pensamos que era por el concierto pero se trataba de un choque cuádruple. Sin embargo en la salida que da al estadio sí se había atorado el tránsito, producto del cierre de las calles adyacentes al local. Bajamos como muchos otros casi en medio de la pista y caminamos hacia la puerta 25. Pasamos por la entrada de la zona 2 Minutes To Midnight, en donde había cola. En nuestra entrada la puerta estaba libre, antes de entrar saludamos a Juan Carlos (amigo de TSS). Adentro vimos a Julio, Guillermo con su novia y el hermano de ella y Carlos. Ellos habían estado haciendo cola desde las 9:00 y ahora estábamos a su lado, habiendo llegado a las 16:15. We knew it. JP también se encontró con un pata, viejo conocido de cuando yo tocaba en TDC. Después llegó Arturo sin cadena de oro ni billetera (para no repetir la experiencia de Buenos Aires). Estuvimos por ahí dando vueltas, viendo los polos (estaban feos y caros, a 50 soles), Alvaro comió una hamburguesa malísima que costó 6 soles. En general lo que se vendía de comer y beber estaba carísimo, pero se entiende, hay que aprovechar la ocasión.

Nos ubicamos hacia la esquina izquierda del escenario (viéndolo de frente), a unos 15 metros de distancia. Nos encontramos con Gus y después con Gabriel y su mancha. Nos cruzamos con Roberto pero a los demás no los vi. Tampoco vimos a Manuel, quien me estuvo llamando, pero ni me enteré porque dejé el celular en la casa.

Aproximadamente a las 19:00 arrancó el concierto con M.A.S.A.C.R.E. No había escuchado al vocalista "nuevo" (Omar Pizarro se fue hace bastante tiempo pero no los había visto desde entonces), me pareció todo bien, tocaron canciones de todas las épocas, varias de ellas junto al primer vocalista, el loco Cervantes. Tocaron aproximadamente media hora, tal vez un poco más. Terminada su participación salieron los roadies de Lauren Harris a alistar el escenario mientras nosotros nos preparábamos una vez más para el tormento de escucharla. Esta vez estábamos más cerca y nada apretujados, así que pude escuchar todo con detenimiento, desde la falta de tiempo de baterista hasta la desesperante voz de púber de Lauren. Pasaron cerca de 45 minutos hasta que por fin se despidió. Por supuesto, la gente fue muy respetuosa con la hijita de Steve.

En los minutos que siguieron se sentía la expectativa de todo el mundo. Se empezaron a hacer colas en los baños químicos para no tener ganas durante el show de Maiden. Los roadies se tomaron su tiempo afinando los instrumentos y preparando las escenografías tapadas por el telón negro que, como siempre, tampoco dejaba ver la batería de Nicko. Creo que fueron bastante puntuales (no tenía reloj ni celular) en soltar el trailer de la gira, la emoción iba subiendo y estalló cuando Winston Churchill dio inicio a Aces High.

No tengo el orden claro en la cabeza pero sí sé que disfruté muchísimo 2 Minutes to Midnight, Wrathchild, Powerslave, Run To The Hills, Hallowed Be Thy Name y The Rime Of The Ancient Mariner. También estuvieron presentes The Number Of The Beast, Iron Maiden, Sanctuary, The Phantom Of The Opera, Fear Of The Dark y The Evil That Men Do. La grata sorpresa llegó a pocos minutos de iniciado el concierto con Children Of The Damned, canción que casi nunca tocan en vivo y en la que Adrian Smith utilizó una Jackson de doble cuello roja.

De más está decir que el concierto estuvo espectacular, que Bruce Dickinson se ganó al público prometiendo volver en dos años para la gira de su próximo disco y derritiéndonos con cada "scream for me, Lima" que salía de su boca. Hubo entre 35 y 40 mil personas en el estadio, había zonas de tribuna que estaban vacías pero en general se sintió una muy buena vibra, un sincero agradecimiento de todos los metaleros de varias generaciones.

Luego de eso no importó salir sudados y bañados en chela ni caminar hasta Arequipa con Risso para conseguir taxi.

Al momento de salir no pude evitar hacer un rapidísimo cálculo mental:
Maiden - 3
Dream Theater - 2
Tool - 0

Sólo queda esperar que pronto, en tierras lejanas, pueda emparejar el score.

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